Si alguna vez entraste a una iglesia colonial en Puebla, caminaste bajo un arco de medio punto rematado en un marco rectangular, o comiste en un plato de talavera azul y blanco, ya tocaste la herencia de la arquitectura islámica sin saberlo. El arco apuntado que hizo posibles las catedrales góticas, la cúpula sobre pechinas, el azulejo geométrico y el patio central con fuente: todo eso pasó, en algún momento de su historia, por los talleres y las cortes del Islam clásico.
Lo usas hoy
Camina por el centro histórico de cualquier ciudad mexicana con pasado virreinal y vas a encontrar tres huellas concretas. Primero, el azulejo: la palabra viene del árabe az-zulayj (“piedra pulida” o “pequeña piedra”), y la técnica de vidriarlo con estaño para lograr ese blanco opaco brillante es la misma que perfeccionaron los alfareros de Irak en el siglo IX. Segundo, el patio central: la casa mexicana tradicional, con sus habitaciones alrededor de un patio con fuente y plantas, hereda el modelo de la casa andalusí, que a su vez venía de la casa romana y persa adaptada. Tercero, el arco de herradura decorativo en fachadas de templos y casonas, con su alfiz (el marco rectangular que lo enmarca), un rasgo que quedó fijado en España durante siglos de arquitectura mudéjar y cruzó el Atlántico con los primeros constructores novohispanos.
Quién, dónde, cuándo
La arquitectura islámica no nace de un solo genio ni de un solo lugar: se construye durante siglos combinando tradiciones romanas, bizantinas y persas bajo el patrocinio de califas y sultanes. La Cúpula de la Roca en Jerusalén (692) es de los primeros grandes monumentos, con su cúpula dorada y sus mosaicos geométricos. La Mezquita de Córdoba, iniciada en 786 bajo el emirato omeya de Al-Andalus, desarrolló el sistema de arcos de herradura superpuestos en dos niveles, una solución estructural e visual única en su época. En Bagdad y Samarra, los abasíes construyeron a gran escala con ladrillo y estuco tallado. En Egipto, los fatimíes y mamelucos refinaron la cúpula sobre muqarnas (esos nichos escalonados que parecen estalactitas de yeso). Y en la propia Al-Andalus, entre los siglos XIII y XV, el reino nazarí de Granada llevó la decoración geométrica y epigráfica a su culminación en la Alhambra.
Qué había antes y qué cambió
Antes del Islam, Roma y Bizancio ya construían con arcos de medio punto y cúpulas (el Panteón de Roma, Santa Sofía en Constantinopla), y Persia sasánida usaba bóvedas de cañón monumentales en palacios como el de Ctesifonte. Lo que los arquitectos musulmanes hicieron no fue partir de cero, sino combinar y llevar más lejos esas soluciones: adoptaron el arco de herradura que ya existía en la España visigoda y lo volvieron sistema decorativo y estructural a la vez; tomaron la cúpula romana y bizantina y la remataron con pechinas y muqarnas para resolver la transición entre una base cuadrada y una cúpula circular con una elegancia nueva; desarrollaron el arco apuntado —presente ya en construcciones preislámicas de Siria— como solución estructural que reparte mejor las cargas que el arco de medio punto, y lo usaron en mezquitas y palacios siglos antes de que apareciera en Europa. El resultado fue un lenguaje propio: geometría, caligrafía y vegetación estilizada (el llamado arabesco) cubriendo superficies enteras, porque la figura humana se evita en el arte religioso.
Cómo llegó a Occidente y a México
El camino más claro es Al-Andalus → España cristiana → Nueva España. Cuando los reinos cristianos fueron reconquistando la península ibérica entre los siglos XI y XV, no destruyeron el saber constructivo musulmán: lo adoptaron. Nació así el mudéjar, el estilo de los artesanos musulmanes que siguieron trabajando bajo dominio cristiano, y que mezcló el arco de herradura, el alfiz, el artesonado de madera y el azulejo con la arquitectura gótica y renacentista española. Ese mudéjar cruzó el Atlántico con los primeros constructores y frailes de Nueva España en el siglo XVI: por eso los conventos y capillas de las misiones novohispanas tienen artesonados mudéjares, arcos de herradura decorativos y portadas con alfiz. La talavera de Puebla, declarada Patrimonio Cultural Inmaterial, desciende directamente de la loza vidriada que perfeccionaron los alfareros musulmanes de Irak, pasada por España (donde se llamó “azulejo de Talavera de la Reina”) y adaptada en Puebla con motivos chinos, españoles e indígenas desde el siglo XVI. En paralelo, el arco apuntado que los cruzados y peregrinos vieron en Tierra Santa y en Sicilia (donde gobernaron los musulmanes hasta el siglo XI) llegó a Francia y ayudó a que naciera el gótico en el siglo XII: catedrales como Notre-Dame se sostienen con una solución estructural que el Islam ya usaba generaciones antes.
Lo que dice el Islam
El Corán no da instrucciones técnicas de construcción, pero sí menciona la obra arquitectónica como un don puesto al servicio de una vida ordenada y de la adoración, en el relato de Sulayman (Salomón):
«Le hacían lo que él quería: templos, estatuas, fuentes como cisternas y calderas fijas. "¡Familia de Dawud! Obrad con gratitud". Pocos de Mis siervos son agradecidos».
Corán 34:13
La tradición islámica siempre distinguió entre construir con dignidad y caer en el derroche: varios relatos atribuidos al Profeta ﷺ desaconsejan el gasto excesivo en el adorno de las mezquitas, recordando que lo esencial es el propósito del edificio —la oración, la comunidad, el conocimiento— y no su ostentación (verificar la referencia exacta). Por eso la mezquita clásica combina belleza y sencillez: la decoración geométrica y caligráfica cubre muros, pero rara vez compite con la función del espacio.
Verdad y mito
Verdad: el arco de herradura estilizado, la cúpula sobre muqarnas y pechinas, y la decoración geométrica islámica (el “arabesco”) son un desarrollo genuino y datado del mundo islámico, sin equivalente anterior en esa forma exacta. La influencia del mudéjar sobre la arquitectura mexicana virreinal es un hecho documentado por historiadores del arte como Manuel Toussaint y Rafael López Guzmán, visible en decenas de templos y casas coloniales.
Mito o matiz: decir que el Islam “inventó” el arco o la cúpula es exagerar; ambos existían antes en Roma, Bizancio y Persia. Lo correcto es hablar de transmisión y mejora: los arquitectos musulmanes tomaron soluciones existentes, las combinaron de formas nuevas y las llevaron a una escala y una consistencia que influyeron después en Europa. Tampoco es exacto imaginar una “línea recta” de una mezquita de Damasco a una iglesia poblana: entre medio hubo siglos de mudéjar español, con sus propios artesanos y su propia evolución, antes de cruzar el Atlántico.
En resumen
- El arco de herradura, la cúpula sobre muqarnas y la decoración geométrica son aportaciones desarrolladas y sistematizadas por la arquitectura islámica, aunque partan de raíces romanas, bizantinas y persas.
- El arco apuntado islámico llegó a Europa antes que el gótico y probablemente influyó en su nacimiento en el siglo XII.
- El azulejo y la talavera de Puebla descienden de la loza vidriada perfeccionada en Irak, pasada por Al-Andalus y España.
- El mudéjar es el puente histórico concreto: artesanos musulmanes bajo dominio cristiano que llevaron su estilo hasta las misiones novohispanas.
- Es transmisión y mejora, no invención desde cero: la honestidad histórica no le resta mérito al legado.
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