Si tomas un café en la mañana antes de salir a trabajar, estás repitiendo un ritual que empezó hace unos seiscientos años en los monasterios sufíes de Yemen, no en una cafetería europea. La palabra misma, “café”, conserva el recorrido: viene del árabe qahwah, pasó al turco y de ahí a toda Europa. Esta página cuenta la historia real —con lo que es leyenda y lo que es documento— de cómo una infusión yemení se volvió la segunda bebida más consumida del planeta, y cómo llegó hasta la taza que tienes en la mano en Guadalajara.
Lo usas hoy
El café que compras en la tienda de la esquina, el que se sirve en cada oficina y cada sobremesa mexicana, desciende directamente de una costumbre religiosa: los sufíes (místicos musulmanes) de Yemen que bebían una infusión de granos tostados para permanecer despiertos durante las noches de oración y dhikr (recuerdo de Allah). De ahí salió, con el tiempo, el café espresso, el de olla, el de la cafetera italiana y el capuchino.
Quién, dónde, cuándo
La primera evidencia sólida y documentada del café como bebida aparece en Yemen a mediados del siglo XV, entre círculos sufíes cercanos al puerto de Mocha (o Al-Mukha), que dio su nombre a una variedad de café hasta hoy. Se cita con frecuencia a un jeque sufí, Ali ibn Umar al-Shadhili, como uno de los primeros en popularizarlo, aunque los detalles de su biografía son tan legendarios como precisos son los registros posteriores del uso de la bebida.
Desde Yemen, el café subió a La Meca y El Cairo a comienzos del siglo XVI, y de ahí a Estambul, capital del Imperio otomano, donde en 1554 abrieron las primeras casas de café (qahveh khaneh) al estilo que hoy reconocemos: un lugar público para conversar, jugar, escuchar música y hacer negocios, no solo para rezar.
Qué había antes y qué cambió
El cafeto (la planta) es originario de Etiopía, en la región de Kaffa, donde sus habitantes ya masticaban los frutos o los mezclaban con grasa animal para obtener energía en viajes largos —un uso documentado, aunque anterior y distinto de la bebida. No existía, sin embargo, ninguna tradición de tostar el grano, molerlo y prepararlo como infusión caliente.
Ese paso —transformar una planta estimulante en la bebida que conocemos— es la aportación yemení real. No fue domesticar el cafeto (eso ya existía en Etiopía) ni descubrir sus efectos (también conocidos localmente), sino inventar el proceso: tostado, molienda y cocción en agua, y con él un ritual social y espiritual que se extendió por todo el mundo islámico.
Cómo llegó a Occidente y a México
El café llegó a Europa por dos rutas: el comercio veneciano con el Imperio otomano (Venecia abrió su primera casa de café hacia 1645) y el contacto directo con Estambul de viajeros y diplomáticos. De Italia pasó a Francia, Inglaterra y Holanda, donde las casas de café del siglo XVII se volvieron centros de debate científico y político —de ahí salieron, por ejemplo, la Bolsa de Londres y algunas aseguradoras, nacidas literalmente en cafeterías.
España tardó más: el chocolate americano, que ya circulaba desde el siglo XVI, competía con el café por el gusto de la corte, y el café no se popularizó en la península hasta el siglo XVIII. A la Nueva España llegó todavía después, hacia finales de ese mismo siglo, primero como curiosidad importada y luego, ya en el México independiente, como cultivo: plantas traídas desde el Caribe (Cuba, Santo Domingo) se sembraron en Veracruz, Oaxaca y Chiapas, que siguen siendo hoy las principales regiones cafetaleras del país.
Lo que dice el Islam
El café no tiene una mención directa en el Corán ni en los hadices —es, obviamente, posterior al Profeta ﷺ—, pero su historia está ligada a dos principios islámicos reales: la búsqueda de lo lícito y bueno entre las cosas creadas, y el valor de las vigilias nocturnas de adoración.
يَا أَيُّهَا النَّاسُ كُلُوا مِمَّا فِي الْأَرْضِ حَلَالًا طَيِّبًا«¡Gente! Comed de lo lícito y bueno que hay en la tierra».
Corán 2:168
El café, al no embriagar ni nublar la razón, cae dentro de esa categoría de lo lícito y bueno (halal tayyib). Su historia de origen sufí tiene sentido: la Sunnah anima a la oración nocturna y al recuerdo de Allah incluso cuando cuesta esfuerzo, y una infusión que ayuda a mantenerse despierto encajó naturalmente en esa práctica.
Verdad y mito
Aquí conviene ser preciso, porque el café es uno de los ejemplos donde el entusiasmo popular exagera menos de lo que se piensa, pero también simplifica:
| Elemento | Qué es realmente |
|---|---|
| La planta del cafeto | Transmisión desde la naturaleza: es originaria de Etiopía, no de Arabia. |
| El tostado y la preparación como bebida | Invención genuina, documentada en Yemen, siglo XV. |
| La casa de café como espacio social | Invención otomana (Estambul, siglo XVI), a partir de la costumbre sufí. |
| La leyenda del pastor Kaldi | Folclore: sin respaldo documental, popularizada siglos después. |
| El café llega a Europa | Difusión comercial, vía Venecia y el Imperio otomano, siglo XVII. |
No hay que exagerar diciendo que “los musulmanes descubrieron el café” en el sentido de encontrar la planta: eso ya lo sabían los etíopes. Lo que sí es cierto, y verificable con historiadores como Ralph Hattox, es que el mundo islámico —primero Yemen, después Estambul— inventó la bebida y la cultura social que la rodea, y que de ahí salió literalmente a todo el planeta.
En resumen
- El cafeto es originario de Etiopía; la bebida —tostada, molida, infusionada— se inventó en Yemen, siglo XV, en círculos sufíes.
- Se difundió por La Meca, El Cairo y Estambul, y de ahí a Europa por Venecia, siglo XVII.
- Llegó tarde a España y más tarde a la Nueva España, donde hoy Veracruz, Oaxaca y Chiapas son regiones cafetaleras.
- Es halal: no embriaga, y su origen está ligado a la vigilia nocturna de oración, no a un texto sagrado.
- La leyenda del pastor Kaldi es folclore; la historia documentada empieza con los sufíes yemeníes.



