Cada vez que escribes un número de teléfono, pagas algo o marcas la hora en tu celular, usas diez símbolos —0, 1, 2, 3, 4, 5, 6, 7, 8, 9— que llamamos “números arábigos” sin que en realidad sean árabes de origen. Son indios. Lo que sí es árabe e islámico es el camino que siguieron para llegar hasta tu bolsillo en México. Esta página cuenta esa historia con toda la honestidad posible, porque es un caso donde la etiqueta popular confunde más de lo que aclara.
Lo usas hoy
Todos los números que ves hoy —en un recibo, en tu cuenta bancaria, en la báscula del mercado— usan diez dígitos posicionales con el cero como pieza clave. Sin el cero, no hay diferencia entre 5, 50 y 500; con él, diez símbolos bastan para escribir cualquier cantidad, por grande que sea. Ese invento silencioso es, probablemente, más importante para tu vida diaria que casi cualquier otro objeto de esta serie.
Quién, dónde, cuándo
El sistema decimal posicional con diez cifras nació en la India, documentado con claridad hacia los siglos V-VII. El matemático y astrónomo indio Brahmagupta, en su obra del año 628, fue el primero en tratar el cero como un número real, con reglas propias para sumarlo, restarlo y multiplicarlo, no solo como un espacio vacío dentro de una notación.
El mundo árabe conoció este sistema hacia el siglo VIII, probablemente a través de contactos comerciales y diplomáticos con la India, y el matemático Al-Khwarizmi, en Bagdad, escribió hacia el año 825 un tratado —hoy conocido solo por traducciones latinas— que explicaba el sistema numeral indio y cómo calcular con él. Los propios árabes lo llamaron con honestidad al-arqam al-hindiyya, “las cifras indias”.
Qué había antes y qué cambió
Antes de este sistema, el Mediterráneo y Europa usaban los números romanos (I, V, X, L, C, D, M), sin valor posicional y sin cero: sumar CCCXLVII más DCXXIII a mano es mucho más difícil que sumar 347 más 623. Los babilonios tenían un sistema posicional en base 60 con un símbolo placeholder para el vacío, pero no un cero como número operable. Los mayas, de forma completamente independiente en Mesoamérica, desarrollaron también un concepto de cero para su calendario, sin ninguna relación con la India o el mundo árabe.
Lo que cambió con el sistema indio, transmitido por los árabes, fue combinar tres cosas a la vez: valor posicional (el mismo dígito vale distinto según su posición), un cero verdadero que se puede sumar y multiplicar, y solo diez símbolos para representar cualquier número. Esa combinación hizo el cálculo escrito radicalmente más simple, y es la base de toda la aritmética, el álgebra y, más tarde, la informática modernas.
Cómo llegó a Occidente y a México
El sistema llegó a Europa por dos caminos que confluyen en España. El primero: el monje francés Gerberto de Aurillac, que estudió en Al-Ándalus en el siglo X y más tarde fue el papa Silvestre II, introdujo los numerales indoarábigos en algunos círculos europeos, aunque sin gran éxito inmediato. El segundo, decisivo: Leonardo de Pisa, conocido como Fibonacci, aprendió el sistema de comerciantes árabes en Bugía (hoy Argelia) y lo explicó con detalle en su Liber Abaci (1202), el libro que realmente popularizó estos números en la Europa mercantil.
En Al-Ándalus y el Magreb se desarrolló, además, una forma distinta de escribir las cifras —los “numerales arábigos occidentales”— que con el tiempo evolucionó hasta convertirse en las formas 0123456789 que usamos hoy, distintas de las cifras que se siguen usando en el mundo árabe oriental (٠١٢٣٤٥٦٧٨٩). España heredó ese sistema occidental y lo llevó a la Nueva España, donde reemplazó gradualmente a los números romanos en el comercio, la administración y la educación.
Lo que dice el Islam
El Corán no habla de matemática abstracta, pero exige precisión numérica en varios mandatos concretos que impulsaron el desarrollo aritmético en el mundo islámico:
وَأَقِيمُوا الْوَزْنَ بِالْقِسْطِ وَلَا تُخْسِرُوا الْمِيزَانَ«Cumplid la medida con equidad y no escatiméis en la balanza».
Corán 55:9
El reparto de la herencia (4:11-12), con fracciones exactas entre distintos herederos, el cálculo del zakat (la limosna obligatoria, generalmente 2.5% de los ahorros), la determinación del calendario lunar y las horas de oración según la posición del sol, todo esto requería aritmética confiable. Esa necesidad práctica y religiosa es una de las razones por las que los sabios musulmanes adoptaron con tanto entusiasmo un sistema numeral que hacía el cálculo mucho más simple que los números romanos.
Verdad y mito
| Elemento | Qué es realmente |
|---|---|
| Sistema decimal posicional con diez cifras | Invención india, siglos V-VII. |
| El cero como número operable | Invención india: Brahmagupta, año 628. |
| Nombre “al-arqam al-hindiyya” (cifras indias) | Los propios árabes reconocían el origen indio. |
| El tratado de Al-Khwarizmi sobre el cálculo indio | Transmisión y sistematización árabe, clave para la difusión. |
| La forma occidental de las cifras (0-9 actuales) | Desarrollo en Al-Ándalus y el Magreb a partir del original indio. |
| El nombre “números arábigos” | Es un error histórico de etiqueta, aunque comprensible: llegaron a Europa en textos árabes. |
Aquí el mito más común es justo el contrario del habitual: no es que se exagere el mérito árabe, sino que a veces se le atribuye por error la invención completa cuando el propio mundo islámico siempre reconoció, con el nombre que le dio al sistema, que venía de la India. Su aportación real —nada pequeña— fue perfeccionar la escritura de las cifras, sistematizar la aritmética con ellas y ser el puente que las llevó hasta Europa y, desde ahí, hasta México.
En resumen
- El sistema decimal con diez dígitos y el cero como número es una invención india, siglos V-VII, formalizada por Brahmagupta en 628.
- El mundo árabe lo llamó honestamente “cifras indias” y lo transmitió, sistematizado por Al-Khwarizmi, hacia el 825.
- En Al-Ándalus se desarrolló la forma occidental de las cifras: las que usamos hoy en México.
- Llegó a Europa por Toledo y por el Liber Abaci de Fibonacci (1202).
- El nombre “números arábigos” describe la ruta de transmisión, no el lugar de invención.



