Pocos temas de la ciencia islámica mezclan tanto la historia real con la leyenda como el sueño de volar. Esta página separa con cuidado lo que está documentado —los cohetes y el torpedo de pólvora del siglo XIII— de lo que es fama tardía y semi-legendaria, como el planeador de Córdoba.
Lo usas hoy
Cada vez que ves un avión cruzar el cielo, lanzas una cometa o escuchas los cohetes de una fiesta patronal en México, tocas alguna hebra de esta historia: el deseo humano de volar, y la tecnología concreta de la pólvora y el cohete que hoy sigue usándose en fuegos artificiales, señales y —de forma mucho más sofisticada— en la propulsión de cohetes espaciales.
Quién, dónde, cuándo
La figura más citada es ʿAbbas ibn Firnas, en Córdoba, hacia el año 875 (las fechas varían según la fuente). Se cuenta que, ya anciano, se lanzó desde una elevación con un traje cubierto de plumas sobre una estructura de alas, planeó un trecho y cayó, lastimándose la espalda porque —dice la historia— no había diseñado una cola para frenar el descenso. Casi cuatro siglos después, en Siria o Egipto, Hasan ar-Rammah escribió en el siglo XIII un tratado militar con fórmulas de pólvora purificada y el diseño de un torpedo autopropulsado en forma de huevo, que avanzaba sobre el agua mediante un cohete interno, posiblemente para incendiar barcos enemigos. Mucho más tarde, en el Estambul del siglo XVII, el cronista Evliya Çelebi relató que un tal Hezarfen Ahmed Çelebi voló con alas artificiales sobre el estrecho del Bósforo y aterrizó sano y salvo, siendo recompensado por el sultán.
Qué había antes y qué cambió
El deseo de volar es prácticamente universal: el mito griego de Ícaro, las cometas usadas en China desde hace más de dos mil años (incluidos vuelos humanos documentados con cometas grandes) y hasta un monje inglés, Eilmer de Malmesbury, que hacia el año 1010 —también según un relato posterior, no contemporáneo— intentó planear desde una torre. El “invento” real y verificable en esta historia no es el vuelo humano, sino la pólvora aplicada a un proyectil autopropulsado: eso es lo que aparece, con receta y descripción técnica, en el tratado de Hasan ar-Rammah, y representa una mejora genuina sobre la pólvora china original, que antes se usaba sobre todo para fuegos artificiales y lanzas de fuego simples.
Cómo llegó a Occidente y a México
La pólvora nació en China (documentada desde el siglo IX) y llegó al mundo islámico por las rutas comerciales de Asia Central. Los ingenieros militares islámicos, entre ellos Hasan ar-Rammah, refinaron la purificación del salitre y diseñaron armas específicas como su torpedo. El contacto militar entre el mundo islámico y la Europa cristiana —las Cruzadas, la Reconquista de la península ibérica— fue el canal principal por el que esa pólvora mejorada y el conocimiento de armas incendiarias llegaron a Europa, donde se desarrollaron después las armas de fuego. De ahí, con la colonización española, la pólvora y los cohetes llegaron a Nueva España: los cohetes de las fiestas mexicanas —en ferias patronales, en las celebraciones de fin de año, en el Día de Muertos— son un eslabón final, muy visible, de esa cadena que empieza en China y pasa por el mundo islámico y España.
Lo que dice el Islam
أَوَلَمْ يَرَوْا إِلَى الطَّيْرِ فَوْقَهُمْ صَافَّاتٍ وَيَقْبِضْنَ«¿Acaso no ven a las aves sobre ellos, desplegando y recogiendo sus alas?».
Corán 67:19
أَلَمْ يَرَوْا إِلَى الطَّيْرِ مُسَخَّرَاتٍ فِي جَوِّ السَّمَاءِ مَا يُمْسِكُهُنَّ إِلَّا اللَّهُ«¿Acaso no han visto las aves suspendidas en el aire del cielo? Nadie las sostiene sino Allah».
Corán 16:79
Estos versos invitan a observar el vuelo de los pájaros como una señal de la creación, no como una instrucción técnica para construir una máquina voladora. Ningún texto islámico ordena o predice el vuelo humano; lo que sí hay, de forma constante en el Corán, es una invitación a mirar el cielo y sus criaturas con atención.
Verdad y mito
Esta sección merece especial cuidado, porque es de las que más se exageran en libros populares sobre inventos islámicos.
El planeador de Ibn Firnas: es fama semi-legendaria, no un hecho comprobado. La única fuente es Al-Maqqari, un historiador del siglo XVII que escribió casi ochocientos años después del supuesto evento, basándose en tradiciones que ya circulaban de forma oral o en textos hoy perdidos. Pudo ocurrir algo parecido a lo que se cuenta; también pudo ser una leyenda construida siglos después alrededor de un personaje real conocido por sus inventos. Presentarlo como “el primer vuelo de la historia, probado científicamente” —como hace a veces la divulgación popular— no es honesto con la evidencia disponible.
Hezarfen Ahmed Çelebi: es un caso todavía más claro de leyenda. Depende de un solo cronista, Evliya Çelebi, reconocido por sus exageraciones literarias, y no hay ningún registro independiente de la época que lo confirme. Debe presentarse como leyenda otomana, no como hecho histórico documentado.
Hasan ar-Rammah y la pólvora: aquí sí hay un documento técnico real, del siglo XIII, con recetas y descripciones de un torpedo autopropulsado. Esto es una mejora genuina y verificable sobre la pólvora china, no una leyenda. La distinción es clara: los cohetes de pólvora son historia documentada; el vuelo humano en el mundo islámico medieval es, en el mejor de los casos, semi-legendario.
En resumen
- El planeador de Ibn Firnas (Córdoba, c. 875) es fama tardía (Al-Maqqari, siglo XVII), no un hecho de ingeniería probado.
- El “vuelo” de Hezarfen Ahmed Çelebi sobre el Bósforo es una leyenda otomana, basada en un único cronista poco fiable.
- El torpedo autopropulsado de Hasan ar-Rammah (siglo XIII) sí es un documento técnico real y una mejora verificable de la pólvora china.
- La pólvora es un invento chino; el mundo islámico la refinó y la transmitió a Europa por contacto militar.
- Los cohetes de las fiestas mexicanas descienden de esa cadena histórica: China → mundo islámico → España → México.



