Cada movimiento de alfil en un tablero de ajedrez lleva, escondido en su nombre, un rastro de árabe medieval: al-fil, “el elefante”. El ajedrez que se juega hoy en clubes, escuelas y celulares de México recorrió, antes de llegar a Europa, un camino que pasa por India, Persia, Bagdad y Al-Andalus.
Lo usas hoy
Si alguna vez jugaste ajedrez —en la escuela, en el parque, en una aplicación— usaste un sistema de reglas, piezas y terminología que se fue formando durante más de mil años en tres civilizaciones distintas. La palabra “jaque mate” que se grita al ganar viene directamente del persa shah mat (“el rey está indefenso” o, en otra lectura, “el rey ha muerto”), adoptado y difundido por los hablantes de árabe del mundo islámico medieval. El “alfil” en español es, literalmente, “el elefante” en árabe, porque esa pieza representaba en el juego original un elefante de guerra.
Quién, dónde, cuándo
El ajedrez nació en el norte de la India hacia el siglo VI con el nombre de chaturanga (“las cuatro divisiones”, en referencia a la infantería, caballería, elefantes y carros de un ejército antiguo). De ahí pasó al imperio sasánida de Persia, donde se le llamó chatrang, con reglas ya bastante parecidas a las actuales. Cuando el Islam llegó a Persia en el siglo VII, el juego pasó al árabe como shatranj, y se extendió con rapidez por todo el mundo islámico: de Bagdad a Damasco, de El Cairo a Córdoba. Durante los siglos VIII a X, jugadores de la corte abasí como al-Suli (fallecido hacia el 946) se volvieron famosos por su maestría, escribieron los primeros tratados sistemáticos de teoría del juego (aperturas estudiadas, problemas de finales, incluso una notación para registrar partidas) y elevaron el shatranj a un pasatiempo culto de las cortes califales.
Qué había antes y qué cambió
El chaturanga indio original tenía dados que decidían qué pieza mover, un elemento de azar que lo acercaba a otros juegos de mesa de la época. El shatranj persa y luego árabe eliminó el azar por completo: se convirtió en un juego de pura estrategia, decidido solo por el cálculo de los jugadores, sin dados ni sorteos, lo que resultó decisivo para su desarrollo posterior como disciplina intelectual. Los jugadores del mundo islámico también sistematizaron por primera vez el estudio de finales de partida y compilaron colecciones de problemas y “posiciones famosas” (mansubat) que circularon en manuscritos, algo parecido a lo que hoy sería un libro de teoría de aperturas. Las reglas de movimiento de las piezas eran, sin embargo, más limitadas que las actuales: el alfil y la reina (entonces “consejero” o firzan) se movían solo una casilla, y las partidas eran, en consecuencia, más lentas.
Cómo llegó a Occidente y a México
El shatranj llegó a Europa por dos vías, ambas atravesando el mundo islámico: la conquista y el asentamiento musulmán en la península ibérica desde el 711, que llevó el juego a Al-Andalus y de ahí, por contacto e intercambio, a los reinos cristianos del norte; y el contacto en el Mediterráneo (Sicilia bajo dominio musulmán hasta el siglo XI, y las Cruzadas) que lo introdujo también en Italia y el resto de Europa. La evidencia más clara de esta ruta andalusí es el “Libro de los juegos” (Libro de acedrex, dados e tablas), mandado escribir por el rey Alfonso X el Sabio en Castilla en 1283, que incluye problemas de ajedrez de clara tradición árabe y reconoce en su propio texto el origen oriental del juego. Fue en Europa, entre los siglos XV y XVI, donde el juego adquirió las reglas modernas (la reina y el alfil con movimiento largo, el enroque, la captura al paso), transformando el shatranj lento en el ajedrez rápido y agresivo que se juega hoy. De España, con el resto del bagaje cultural del imperio, el ajedrez llegó a Nueva España y se volvió, con el tiempo, un pasatiempo extendido en todo México.
Lo que dice el Islam
El ajedrez es uno de los pocos temas donde los sabios sunitas nunca alcanzaron consenso. El punto de partida siempre fue la prohibición coránica de los juegos de azar (maysir):
إِنَّمَا الْخَمْرُ وَالْمَيْسِرُ وَالْأَنصَابُ وَالْأَزْلَامُ رِجْسٌ مِّنْ عَمَلِ الشَّيْطَانِ فَاجْتَنِبُوهُ«El vino, el juego de azar, los ídolos y las flechas de adivinación son una abominación, obra de Shaytán: evitadlos».
Corán 5:90
A partir de ahí, algunos sabios clásicos —entre ellos referencias citadas en obras de fiqh como las de Ibn Qayyim al-Jawziyyah— consideraron el ajedrez makruh (reprobable) o incluso haram, por su capacidad de absorber el tiempo, distraer de la oración y las obligaciones, y por su parecido superficial con otros juegos de mesa que sí se jugaban con apuestas; se apoyaron también en hadices que hablan en términos generales sobre juegos de “azar” o “diversión vana” (la autenticidad y aplicabilidad exacta de esos hadices al ajedrez en concreto es discutida entre especialistas). Otros sabios distinguieron el ajedrez de los juegos de puro azar precisamente porque no depende de dados ni de suerte, sino del cálculo y la estrategia, y lo permitieron como ejercicio mental legítimo siempre que se juegue sin apuestas, sin distraer de la oración y sin las conversaciones o compañías impropias que a veces acompañan los juegos de mesa. Esta sección expone ambas posturas sin tomar partido: es terreno de ijtihad legítimo, y cada musulmán puede seguir la opinión que su conciencia y su comunidad de referencia consideren mejor fundamentada.
Lo que sí es unánime entre los sabios sunitas es la prohibición de apostar dinero en cualquier juego, ajedrez incluido, por caer directamente bajo la prohibición del maysir citada arriba.
Verdad y mito
Verdad: el chaturanga indio, el chatrang persa y el shatranj árabe son tres etapas bien documentadas de una misma cadena de transmisión, y el mundo islámico jugó un papel decisivo en llevar el juego de Asia a Europa y en desarrollar su primera teoría escrita seria (aperturas, finales, notación). El “Libro de los juegos” de Alfonso X confirma esta ruta con evidencia directa.
Mito: decir que “el ajedrez es un invento islámico” no es exacto; es más preciso decir que India lo originó, Persia lo desarrolló y el mundo islámico lo transmitió, perfeccionó y difundió hasta Europa, con aportaciones propias reales (la eliminación del azar, la teoría de finales, la terminología que sobrevive hoy) pero sin ser su punto de partida. Tampoco existe una “postura islámica única” sobre si jugarlo está permitido: presentar el tema como si hubiera una sola respuesta sunita simplifica un debate de fiqh genuino y todavía vivo.
En resumen
- El ajedrez nació en la India (chaturanga, siglo VI), pasó a Persia (chatrang) y de ahí al mundo islámico (shatranj).
- Jugadores de las cortes islámicas como al-Suli desarrollaron la primera teoría escrita de aperturas y finales.
- Llegó a Europa sobre todo por Al-Andalus, documentado en el “Libro de los juegos” de Alfonso X (1283).
- Las reglas modernas (reina y alfil de movimiento largo, enroque) se fijaron después, ya en Europa.
- Los sabios sunitas tienen posturas distintas sobre jugar ajedrez sin apuestas: makruh para unos, permitido para otros; apostar dinero está prohibido para todos (5:90-91).
- Es un caso claro de transmisión y mejora cultural, no de invención islámica desde cero.
¿Te interesa esta historia de intercambio cultural? Sigue con la arquitectura del mundo islámico o México y el Islam: lo que ya compartimos.



