Cuando un mexicano dice “ojalá llueva mañana” está, sin saberlo, invocando a Allah: la palabra viene del árabe in sha Allah, “si Allah quiere”. Cuando duerme sobre una almohada, cuando el alcalde de su pueblo abre una sesión, cuando come arroz con azúcar o juega ajedrez con su abuelo, está usando palabras y objetos que llegaron a América desde el mundo islámico, vía casi ocho siglos de presencia musulmana en España. Esta página es un puente: reúne lo que México y el Islam ya comparten en la lengua, el arte, la comida y los valores, antes de que cualquier persona haya conocido siquiera a un musulmán.
La herencia andalusí en la lengua
Entre el año 711 y 1492, buena parte de la península ibérica —Al-Ándalus— fue gobernada por musulmanes, y de ahí floreció una de las civilizaciones más brillantes de la Edad Media, con Córdoba como una de las ciudades más grandes y cultas del mundo. Cuando España conquistó América tres siglos después de la caída del último reino musulmán de Granada, trajo consigo un idioma —el español— que ya llevaba dentro miles de palabras árabes. Se calcula que el español tiene alrededor de cuatro mil arabismos, muchos de uso diario en México:
- Ojalá, del árabe in sha Allah (“si Allah quiere”).
- Almohada, del árabe al-mikhaddah.
- Alcalde, del árabe al-qadi (el juez).
- Barrio, del árabe al-barri (lo exterior, lo de las afueras).
- Azúcar, aceite, arroz, algodón, naranja, limón: buena parte del vocabulario de la cocina y la agricultura.
- Jarra, taza, azulejo, alfombra: objetos de la casa.
- Ajedrez, del árabe ash-shatranj (que a su vez viene del persa).
- Hasta, del árabe hatta, una de las palabras más usadas del idioma sin que nadie note su origen.
Ninguna de estas palabras exige nada religioso de quien las usa: son simplemente la prueba de que México, sin saberlo, ya lleva el árabe en la boca desde antes de que naciera como país.
وَمِنْ آيَاتِهِ خَلْقُ السَّمَاوَاتِ وَالْأَرْضِ وَاخْتِلَافُ أَلْسِنَتِكُمْ وَأَلْوَانِكُمْ«Y entre Sus signos está la creación de los cielos y la tierra, y la diversidad de vuestras lenguas y de vuestros colores».
Corán 30:22
El Corán presenta esta mezcla de lenguas y pueblos no como un accidente lamentable, sino como un signo de Allah que merece observarse con asombro, algo que encaja bien con un país tan mestizo como México.
El arte y la arquitectura: del mudéjar a la talavera
Cuando los cristianos reconquistaron España, muchos artesanos musulmanes y sus técnicas se quedaron: nació así el estilo mudéjar, una arquitectura y una decoración cristianas hechas con manos y motivos musulmanes. Ese estilo cruzó el Atlántico con los conquistadores y colonizadores del siglo XVI, y dejó su huella en México en varios lugares:
- Los azulejos y la talavera de Puebla: la técnica de la loza esmaltada blanca y azul que hoy identifica a Puebla desciende de la cerámica de Talavera de la Reina, en España, que a su vez hereda la tradición de la cerámica esmaltada de Al-Ándalus.
- El arco de herradura, propio de la arquitectura omeya de Damasco y Córdoba, aparece de forma decorativa en algunas fachadas coloniales mexicanas.
- El alfiz, el marco rectangular que enmarca un arco por fuera, típico de la arquitectura andalusí, se repite en portadas virreinales.
- Los patios centrales de muchas casas coloniales mexicanas, organizados alrededor de un espacio abierto con agua y sombra, siguen una lógica muy cercana a la de la casa andalusí y, antes, a la casa árabe clásica.
Nada de esto convierte esos edificios en “islámicos”: son mexicanos y católicos, construidos por y para una sociedad novohispana. Pero la técnica y el ojo que los hicieron posibles tienen una raíz que pasó por el mundo islámico.
La comida: de la caña de azúcar al taco árabe
Buena parte de lo que hoy parece “típicamente mexicano” llegó, en origen, con los árabes a España y de España a México: la caña de azúcar, el arroz, el café, la naranja y el limón, el garbanzo y la berenjena fueron introducidos o difundidos en la península ibérica durante la época andalusí, mucho antes de que llegaran a las mesas mexicanas.
En el siglo XIX y principios del XX llegó a México una segunda ola de influencia, esta vez directamente del mundo árabe: miles de inmigrantes libaneses —en su mayoría cristianos, escapando de conflictos y buscando oportunidades— se establecieron en ciudades como la Ciudad de México, Puebla, Mérida y Torreón, y dejaron una huella comercial, cultural y culinaria enorme. El ejemplo más famoso es el taco al pastor: nació cuando estos inmigrantes adaptaron el shawarma —carne apilada y asada girando en un trompo vertical— a los ingredientes disponibles en México, cambiando el cordero por cerdo adobado con achiote y sirviéndolo en tortilla en lugar de pan árabe. Los llamados tacos árabes de Puebla, con pan pita y carne de cerdo o de res al trompo, conservan una versión aún más cercana al original. Apellidos como Slim, Yunes o Kuri, y ciudades enteras con barrios de tradición libanesa, son parte visible de esa historia mexicana.
Una moral que ya se parece
Más allá de palabras y sabores, hay algo en los valores cotidianos de buena parte de México que un musulmán practicante reconoce con facilidad:
- La hospitalidad hacia el invitado, casi sagrada en ambas culturas.
- El respeto a los mayores y el peso central de la madre en la familia.
- La fe mencionada en el habla diaria: la expresión mexicana que se usa para confiar el futuro a la divinidad al hacer planes es, literalmente, in sha Allah traducida palabra por palabra; y la que se usa para agradecer es, literalmente, al-hamdu lillah (“la alabanza es de Allah”). Un musulmán mexicano no tiene que inventar un nuevo idioma para su fe: ya lo tiene, calcado, en el español que habla toda su familia.
- El pudor tradicional y el peso de la reputación familiar, presentes en generaciones mayores de ambas culturas.
- El luto y el respeto a los muertos, como se explica en la muerte y el Día de Muertos, aunque con diferencias importantes en cómo se entiende la relación entre los vivos y los que ya fallecieron.
Nombres, números y un poco de ciencia heredada
La huella andalusí no se queda en la cocina y la arquitectura: llega hasta los números que cualquier mexicano usa para contar dinero o hacer la tarea. El sistema decimal con el que se escribe cualquier cantidad en México —incluido el cero como cifra con valor propio— llegó a Europa desde la India a través de los matemáticos árabes, y de ahí pasó a España y de España a América; por eso durante siglos, en el mundo entero, a estos símbolos se les llamó “números arábigos”. El álgebra misma, la rama de las matemáticas que cualquier estudiante mexicano de secundaria estudia bajo ese nombre, viene de la palabra árabe al-yabr (“la reunión” o “la reparación”), título del libro con el que el matemático persa Al-Khwarizmi sistematizó por primera vez la resolución de ecuaciones (ver el álgebra y el algoritmo). Cuando un adolescente en Guadalajara resuelve una ecuación de segundo grado, está usando, sin saberlo, un método con nombre árabe y siglo de origen musulmán.
Las diferencias, sin conflicto
No todo se comparte, y decirlo con honestidad es parte de este puente. La fiesta mexicana suele girar alrededor del alcohol, algo que el musulmán deja fuera por convicción, no por desprecio (ver alcohol, tabaco y drogas). La imagen religiosa —vírgenes, santos, crucifijos— tiene un lugar central en la piedad popular católica que el Islam no comparte, porque su concepto de Allah es estrictamente sin imágenes ni intermediarios. Y el noviazgo como relación de pareja antes del matrimonio, común en la vida social mexicana, se vive en el Islam de otra forma, con la familia presente desde el principio (ver el matrimonio en el Islam). Ninguna de estas diferencias exige hostilidad: un musulmán puede explicar su postura con tranquilidad y seguir queriendo y respetando a su familia, tal como el Corán pide un trato bueno a los padres incluso cuando no comparten la fe.
La comunidad libanesa y su huella más allá del taco
Más allá de la comida, la migración libanesa a México dejó una huella profunda en el comercio, la política y la cultura del siglo XX: familias de origen libanés fundaron negocios que crecieron hasta convertirse en algunas de las empresas más grandes del país, ocuparon puestos de gobierno en distintos estados, y ciudades como Mérida y Puebla conservan barrios, clubes sociales y hasta una arquitectura con influencia levantina visible todavía hoy. Vale la pena recordar que esta comunidad histórica es, en su gran mayoría, de tradición cristiana (maronita, ortodoxa, católica), no musulmana: su historia es la prueba de que el mundo árabe y el mundo islámico, aunque se solapan mucho, no son exactamente lo mismo, y de que México ya sabe integrar con naturalidad una migración árabe completa, sea cual sea su religión.
Los musulmanes de México
El Islam no es un fenómeno reciente ni exclusivamente “importado” en México. Hay comunidades musulmanas activas en la Ciudad de México, Guadalajara, Torreón, Tijuana y otras ciudades, formadas tanto por inmigrantes de países musulmanes como por conversos mexicanos de nacimiento. Un caso particularmente conocido es la comunidad de origen indígena tzotzil en los Altos de Chiapas, cerca de San Cristóbal de las Casas, donde varias decenas de familias se convirtieron al Islam a partir de los años noventa y hoy tienen su propia mezquita y forma de vida, sin dejar de ser tzotziles ni chiapanecos.
يَا أَيُّهَا النَّاسُ إِنَّا خَلَقْنَاكُم مِّن ذَكَرٍ وَأُنثَىٰ وَجَعَلْنَاكُمْ شُعُوبًا وَقَبَائِلَ لِتَعَارَفُوا إِنَّ أَكْرَمَكُمْ عِندَ اللَّهِ أَتْقَاكُمْ«¡Gente! Os creamos de un hombre y una mujer, y os hicimos pueblos y tribus para que os conozcáis. El más noble de vosotros ante Allah es el más piadoso».
Corán 49:13
Esta aleya es, quizá, el mejor resumen posible del lugar que ocupa la identidad nacional en el Islam: existir como mexicano, como tzotzil, como poblano o como tapatío no es un obstáculo para la fe, sino parte del diseño de Allah, algo hecho para conocerse, no para borrarse. Lo único que la fe pide no es dejar de ser mexicano, sino añadir a esa identidad la sumisión a Allah y la búsqueda de la piedad —lo único, según esta misma aleya, que en realidad distingue a una persona ante Él.
En resumen
- El español mexicano tiene alrededor de cuatro mil palabras de origen árabe, incluida “ojalá” (in sha Allah).
- La talavera de Puebla y el arte mudéjar virreinal heredan técnicas de la cerámica y la arquitectura de Al-Ándalus.
- Los tacos al pastor nacieron de la adaptación mexicana del shawarma libanés.
- México y el Islam comparten hospitalidad, respeto a los mayores y una fe mencionada en el habla diaria: la expresión mexicana de agradecimiento a la divinidad equivale, palabra por palabra, a al-hamdu lillah.
- Hay musulmanes mexicanos de nacimiento en todo el país, incluida una comunidad tzotzil en Chiapas.
- El Corán presenta la diversidad de pueblos como un signo de Allah (49:13; 30:22): ser mexicano y ser musulmán no compiten entre sí.
¿Quieres conocer a musulmanes mexicanos de carne y hueso, o simplemente tienes curiosidad? En la mezquita de Guadalajara te reciben con gusto, sin compromiso alguno. Escríbenos.

