La hermandad islámica entre los moriscos de Hornachos

04 feb, 2014

Hornachos es un municipio de la provincia de Badajoz, en el centro-sur de Extremadura. La historia de este pueblo está marcada por la excepcional presencia de una comunidad musulmana que fue mudéjar y luego morisca hasta el año de la expulsión definitiva de los moriscos de España en 1610. Pero aún después de la expulsión, los moriscos de Hornachos mantuvieron una extraordinaria cohesión en el exilio, siguieron juntos y crearon la República de Salé, una ciudad-estado amurallada en la orilla izquierda del río Bu Regreb, junto a Rabat en Marruecos.

Hornachos no es un pueblo de la alta montaña, aislado e impenetrable. La defensa de su fe islámica no se hizo por la fuerza de las armas, salvo excepciones, sino por la unidad y coherencia de sus habitantes.

No voy a repetir en este artículo las epopeyas vividas por los hornacheros en su tierra natal primero y en el exilio después, estas pueden ser leídas fácilmente en diferentes libros y a través de internet. Tampoco me voy a centrar en la investigación que han hecho otros sobre la huella y la herencia de los moriscos de Hornachos en el Marruecos actual, así como la conservación de apellidos, oficios, modos o costumbres, que también puede ser consultado hoy por diferentes vías y que está siendo objeto de interesantes investigaciones, estudios y publicaciones.

Mi interés está en el sentido islámico de hermandad que supieron tener los hornacheros a lo largo de los siglos. Desde el momento en que las fronteras de Al Ándalus se redujeron y su tierra cayó en manos del reino cristiano de Castilla, ellos supieron mantener su integridad islámica, más allá del poder político y continuaron con su vida, su trabajo, sus oficios y su fe islámica aún cuando no tenían el poder político dentro del Estado.

En sentido estricto, desde el momento en que los musulmanes quedan en territorio cristiano son denominados mudéjares. Los hornacheros fueron una aislada comunidad mudéjar mientras se les permitió, es decir, hasta el decreto de 1502 en que se obligaba a elegir entre destierro o bautismo. Todos los hornacheros aceptaron el bautismo formal, pasando con ello a ser denominados moriscos.Tenemos el texto de Pedro de Valencia que dice de ellos:

Como saben que Mahoma no quiso mártires ni esperó que ninguno hubiese de querer morir por su mentira, niegan luego y dicen ser o querer ser cristianos, sin por ello perder la fe con Mahoma ni la honra con los suyos, ni dejar de ser moros como antes.

Para los moriscos de Hornachos era fundamental el apego a la tierra que ellos consideraban Al Ándalus. Se sentían musulmanes europeos, la avanzadilla del Islam en Europa. Harían cualquier cosa por mantener el reducto del Din que ellos representaban, a pesar de que durante el siglo XVI las cosas fueron poniéndose cada vez más difíciles.

Tras un decreto de 1526 que prohibía en España cualquier culto no católico, los moriscos de Hornachos volvieron a rebelarse, aguantando durante dos semanas tras las murallas de la ciudad el asedio a que fueron sometidos. Su rendición fue nuevamente formal. Era conocido que, aunque prácticamente todos aceptaron el bautismo, en la localidad no se comía cerdo, ayunaban en el mes de Ramadán y todos los niños varones eran circuncidados.

Un factor que ayudaba en la protección de sus costumbres y en el mantenimiento de su Din islámico era la concentración de varias miles de familias moriscas en la misma localidad.

A lo largo del siglo XVI la presencia de los moriscos en Hornachos se convirtió en una importante fuente de ingresos para la Corona de Castilla. Muchos vecinos de Hornachos fueron condenados por el Tribunal de la Inquisición de Llerena a penas pecuniarias, siendo continuamente gravados por el Estado y contribuyendo a su empobrecimiento.

En la visita a Hornachos en 1603 del Capitán Alonso de Contreras, en el que se inspira Pérez Reverte para su Capitán Alatriste, éste encontró y requisó armas en un silo y afirmaba con vehemencia: “En Hornachos, menos el cura, todos son moriscos”. Ello refleja que la unión y hermandad les daba el poder político en la localidad.

* * * * *

El sentido de unidad de los hornacheros vuelve a ponerse de manifiesto en el momento de la expulsión. El decreto de la expulsión de los moriscos de Hornachos fue fechado el 16 de enero de 1610 y llevado a la localidad por el alcalde de la Corte, Gregorio López Madera. Salieron de Hornachos unos 4.000 moriscos. Algunos dejaron a sus mujeres e hijos al partir al exilio. Las condiciones del viaje fueron dramáticas y en 1611 se encontraban en Sevilla esperando para ser embarcados. El cronista Diego Ortiz de Zúñiga llama la atención sobre las penosas condiciones de los expulsados: “Viendo embarcar criaturas que movían su lástima y compasión”. Ellos mismos tuvieron que pagar su pasaje con el dinero líquido obtenido tras malvender sus posesiones. Unos ayudaron en el pago a los otros para que todos fueran embarcados juntos y nadie quedara atrás. Con este gesto se confirma nuevamente la solidaridad y unión existente entre ellos.

Llegaron a Tetuán, donde llamó la atención del sultán el grupo tan cohesionado que formaban los moriscos hornacheros, motivo que le infundió desconfianza y por el que les destinó al sur del reino. Por su cuenta, los hornacheros se asentaron en Salé la Nueva, cerca de Rabat, donde reforzaron la muralla junto al río Bu Regreb y fundaron en 1627 la República Independiente de Salé.

El nuevo Estado independiente de Salé se dedicó a la piratería y al corso, recibiendo embajadas de Estados enemigos de España a la que hostigaban con sus barcos. El sentido de unidad y de identidad con Al Ándalus se manifiesta de nuevo en la propuesta que hacen al rey de España Felipe IV en 1631 a través del Duque de Medina Sidonia. En ella proponen un pacto: entregarían la ciudad de Salé a la Corona de España y depondrían las armas a cambio de regresar a su ciudad de Hornachos y poder seguir viviendo en ella como antes de la expulsión. La propuesta no les fue aceptada y ellos siguieron viviendo en la añoranza de su tierra y su pacífica vida ancestral.

La República de Salé continuó con la piratería en el Estrecho de Gibraltar hasta que fue asimilada finalmente por el sultán de Marruecos en 1666, cuando el sueño de regresar a Al Ándalus y la necesidad de asegurar su subsistencia dejaron de tener sentido.

Los moriscos de Hornachos son todo un ejemplo de un pueblo que forzado al bautismo, cercado por impuestos, multas, confiscaciones y juicios, obligado al exilio, no perdió en ningún momento su sentido islámico de comunidad y de hermandad.         Para los musulmanes españoles y europeos del siglo XXI son los moriscos de Hornachos todo un ejemplo de resistencia islámica ante las adversidades, superadas gracias a la unión en el Din de Allah. Como sus herederos que somos, debemos seguir su ejemplo en los momentos en que nos toca vivir.

La hermandad para los musulmanes es un mandato de Allah. Aparece en el Corán en la Sura Al Huyurat: “Ciertamente los creyentes son hermanos, así pues, poned concordia entre vuestros hermanos”El Profeta, la Paz y las Bendiciones de Allah sean con él, hermanó a los emigrantes de Mecca, que llegaron completamente desposeídos (Muhayirun), con los musulmanes de Medina (Ansar), que estaban en su propia tierra dedicados a sus huertos y al comercio, y de aquel hermanamiento surgió la comunidad musulmana. El Profeta, la Paz sea con él, dijo a Abú Bakar: “Yo sería tu amigo, pero Allah ha puesto algo más grande entre nosotros, nos hizo hermanos”.

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