Mentir, espiar y usar malas palabras.

01 May, 2017

En los artículos anteriores hablamos sobre cómo el respeto por los demás, por el medio ambiente y por nosotros mismos es algo inherente a la religión del Islam. El concepto de tratarnos a nosotros mismos y a todo a nuestro alrededor con respeto no es posible sin la sumisión total a Dios, y sin comprender cómo y por qué nos sometemos a Su voluntad. Dios nos recuerda en el Corán que el único propósito de nuestra vida es adorarlo a Él:

“Por cierto que he creado a los genios y a los hombres para que Me adoren”. (Corán 51:56)

Adorar a Dios no significa pasar el día entero en el lugar de oración, ni significa descuidar nuestra vida en este mundo para llevar una vida de retiro y reclusión. Adorarlo significa cumplir un conjunto de obligaciones morales hacia Él e intentar tenerlo constantemente presente en nuestras vidas, tanto en nuestras mentes como en nuestros actos y palabras. Las tareas mundanas de la vida se convierten en actos de adoración cuando se realizan para complacer al Creador. Cuando cumplimos nuestras obligaciones como rezar, ayunar y dar en caridad, se convierten en actos de culto si las hacemos con un sentido de gratitud y humildad. Dios no nos necesita, Él es Autosuficiente y Omnipotente. Somos nosotros los que Lo necesitamos a Él. Él es la razón para nuestra existencia y Él es el fundamento en el cual debemos basar nuestras vidas.

Una vida sin propósito no conduce más que a la pérdida.

“Juro por el transcurso del tiempo. Que ciertamente los hombres están perdidos. Salvo aquellos que creen, obran rectamente, se aconsejan mutuamente cumplir cabalmente [con los preceptos divinos] y ser pacientes y perseverantes”. (Corán 103:1-3)

Sin embargo, llenar nuestras vidas con un propósito nos brinda satisfacción y esto nos permite mostrar respeto por nosotros mismos y por los demás. Respetar a Dios significa obedecerlo. Y obedecer a Dios significa que estamos en una posición inmejorable para ganarnos el respeto de los demás. Si fallamos en entregarnos a Dios, esto conducirá a una vida carente de respeto. Tratar a los demás con desprecio y hablando a sus espaldas muestra la ausencia de respeto en nuestras vidas. Involucrarse en pecados graves como la mentira, el espiar a los demás y usar malas palabras, también significa que no somos merecedores de que otros muestren respeto por nosotros.

La mentira
La mentira es una de las razones principales para que se expanda la corrupción en una sociedad. Cualquier forma de mentira crea enemistad y significa una falta de respeto a la sociedad, pero la peor forma de mentira es atribuir falsedades a Dios y a Sus Profetas y Mensajeros. El Islam nos prohíbe mentir y encomienda al creyente la sinceridad y la honestidad. Las palabras del Corán dan testimonio de esto. Dios dijo:

“¡Oh, creyentes! Temed a Allah, y contaos entre los veraces”. (Corán 9:119)

Y también dijo:

“No hay nadie más inicuo que aquél que inventa mentiras acerca de Allah sin fundamentos para desviar a los hombres. Ciertamente Dios no guía a los inicuos”. (Corán 6:144)

En las narraciones que se han compilado sobre sus dichos, el Profeta Muhammad a menudo exhorta a sus seguidores a aferrarse a la honestidad y mantenerse apartados de los vicios que conducen a la mentira. Él dijo:

“Tengan cuidado con las mentiras, porque conducen a la inmoralidad, y la inmoralidad conduce al Fuego”[1].

Incluso uno de sus más grandes enemigos atestiguó el hecho de que el Profeta Muhammad era veraz y ordenaba la veracidad. Abu Sufian[2], aun cuando despreciaba y combatía al Profeta Muhammad, reveló que él ordenaba a sus seguidores a rezar, ser veraces y mantener los lazos de parentesco[3].

Espiar
El Profeta Muhammad advirtió a sus seguidores sobre los males de espiar a los demás cuando dijo:

“Tengan cuidado de la sospecha, porque la sospecha es el más falso de los discursos. No escuchen detrás de las puertas; no se espíen el uno al otro; no se envidien el uno al otro; no se abandonen el uno al otro; no se odien el uno al otro. Sean hermanos, oh, siervos de Dios”[4].

Ciertamente Dios Mismo nos recuerda evitar la sospecha. Él dijo:

“¡Oh, creyentes! Evitad sospechar demasiado [de la actitud de los demás], pues ciertamente algunas sospechas son un pecado; y no os espiéis, ni habléis mal del ausente, pues ello es tan repulsivo como comer la carne de un hermano muerto ¿Acaso alguno de vosotros desearía hacerlo? Por supuesto que os repugnaría. Y temed a Dios; ciertamente Dios es Indulgente, Misericordioso”. (Corán 49:12)

En el Islam no es permisible investigar o revelar los secretos de los demás. Espiar y todo lo que ello implica, tal como escuchar detrás de las puertas, hacer preguntas sobre la vida privada, todo esto está prohibido, porque implica faltar el respeto a la privacidad del prójimo y desobedecer a Dios.

El gran y respetado Califa ‘Omar ibn ‘Abdul ‘Aziz, dijo a alguien que le relató un rumor malicioso:

“Si quieres, puedo investigar el asunto. Si estás mintiendo, estarás entre la gente que Dios mencionó en el verso: ‘¡Oh, creyentes! Si se os presenta alguien corrupto con alguna noticia, corroborad su veracidad, no sea que perjudiquéis a alguien por ignorancia, y luego [de haber comprobado que era una noticia falsa] os arrepintáis por la medida que hubiereis tomado” (Corán 49:6). Si estás diciendo la verdad, entonces estarás entre la gente a la que Dios mencionó en el verso: ‘Al difamador que siembra la discordia” (Corán 68:11). O, si deseas, te perdonaremos”. Él respondió: “Perdóname, oh, Líder de los creyentes, no lo volveré a hacer nunca más”.

La mentira, el rumor, la calumnia y el espionaje son grandes pecados, como también lo es usar malas palabras.

Lenguaje soez
Las malas palabras muestran falta de respeto hacia las personas de las que se habla y una total falta de respeto hacia uno mismo. Las injurias, insultos, maldiciones y groserías, son malas formas de expresarse y usualmente son pronunciadas cuando la persona es sobrecogida por la ira y el enojo. El enojo es una emoción que puede abrir las puertas a toda clase de maldades y faltas de respeto. En ocasiones puede resultar en la ruptura de los lazos de buena voluntad e incluso destruir relaciones familiares. La ira también puede ir más allá de los insultos y hacer que la persona trate de lastimar físicamente a otros.

El Profeta Muhammad no fue una persona que usara insultos, malas palabras ni lenguaje obsceno, y no maldecía a la gente. Si quería reprochar a alguien, decía: “¿Qué pasa con él? ¡Qué pena por él!”[5]. El verdadero creyente, quien se somete a Dios, debe aprender a controlar su lengua y no hablar a menos que vaya a decir algo bueno. El Profeta Muhammad nos recuerda en sus enseñanzas que quien cree en Dios y en el Último Día (o el Día del Juicio) debe hablar algo beneficioso o guardar silencio[6]. Él dijo que intercambiar insultos con un creyente era terrible, que pelear era una forma menor de incredulidad y que maldecir a un creyente era como matarlo[7].

Ciertamente, las palabras crueles no dejan dudas sobre su interpretación. Las malas palabras conducen a las malas acciones y, en última instancia, al castigo. Dios nos recuerda que el mejor discurso es el recuerdo de Dios, porque trae satisfacción y un sentimiento de paz espiritual.

“¿Acaso no es con el recuerdo de Allah que se sosiegan los corazones?” (Corán 13:28)

Una persona que se mantiene ocupada haciendo buenas obras y buscando la complacencia de Dios, es una persona que comprende el verdadero significado del respeto.

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