Historias de una familia bendita (parte 1 de 2): el Profeta Zacarías

12 jul, 2013

 

Esta es la historia de un débil anciano que amó y temió a Dios; un hombre anciano, llamado Zacarías, que había pasado su vida ganando conocimiento y enseñando a otros, solamente para la complacencia de Dios. El Corán narra su historia en los Capítulos 3 y 19, y es similar a la historia narrada en el evangelio cristiano de Lucas[1]. Sin embargo,  nosotros nos concentraremos en lo que tiene que decir el Corán acerca de este hombre bendito, porque los musulmanes creen que el Corán ha permanecido sin cambios desde su revelación; mientras que los mensajes previos han sido perdidos, cambiados o distorsionados.

“Dijo: ¡Señor mío! Mis huesos se han debilitado y mi cabeza ha encanecido. Mis ruegos nunca fueron rechazados”. (Corán 19:4)

El Profeta Zacarías era un miembro de la familia de ‘Imran, una familia bendita cuyos miembros también incluía a Jesús y a su madre María. Cuando la joven María fue a la Casa de Oración en Jerusalén, Dios, en Su sabiduría y gracia nombró a Zacarías como su guardián. Cada día él visitaba a María para estar seguro que todas sus necesidades fueran satisfechas. La devoción de María por Dios impresionaba a  Zacarías y también se asombraba con las provisiones que él encontraba en su habitación. Se dice que ella tenía frutas de invierno en el verano y frutas de verano en el invierno.[2]  Cuando Zacarías le preguntaba a María cómo había obtenido las frutas, ella contestaba que Dios, el Sustentador, era de hecho Quien le había provisto su sustento. El Corán relata:

“Su Señor la aceptó complacido, e hizo que se educase correctamente y la confió a Zacarías. Toda vez que Zacarías ingresaba al templo la encontraba provista de alimentos, y entonces exclamaba: ¡Oh, María! ¿De dónde te ha venido esto? Ella respondía: De Dios; porque Dios sustenta sin medida a quien Le place”.  (Corán 3:37)

Cuando Zacarías observó la total sumisión de María a Dios y su fe incondicional en Él como el Proveedor, abrió sus ojos a un nuevo concepto.[3] Sin importar qué tan asombrosos o, alternativamente, insignificantes nuestras necesidades puedan parecernos a nosotros, Dios está siempre ahí para escuchar y para responder. Esta es una idea muy importante para contemplar. Dios dará sin límite a Sus siervos rectos.  María había recibido frutos fuera de temporada; Zacarías hizo una súplica por algo que, de acuerdo con los estándares humanos, no era posible, pues él y su esposa eran muy ancianos y el tiempo para que ellos concibieran un hijo ya había pasado. La generosidad de Dios no está sujeta a limitaciones mundanas, todo Le es posible.  Zacarías aprendió esta importante lección de su protegida María.

Entonces Zacarías invocó a su Señor en secreto, diciendo que él estaba anciano, que su pelo era canoso y que su esposa también era anciana y estéril; sin embargo, él deseaba un heredero que agradara a Dios. Zacarías pidió un hijo que fuera su heredero; él no estaba pensando en términos de riqueza, pues era un hombre pobre. Él deseaba un hijo que continuara la Profecía y que difundiera el conocimiento que Zacarías había adquirido en su tiempo de vida. Dios respondió inmediatamente, y dijo:

“Entonces los ángeles le llamaron cuando oraba en el templo diciendo: Dios te albricia con el nacimiento de Juan, quien corroborará la Palabra de Dios, será noble, casto y un Profeta virtuoso”.  (Corán 3:39)

En este verso del Corán, la “Palabra de Dios” tiene un significado específico: Jesús, porque él fue creado de una palabra de Dios: “Sé” (y él fue). El hijo de  Zacarías, Juan, iba a estar entre aquellos que creyeron y siguieron el Mensaje de Jesús.

Cuando Zacarías recibió estas sorprendentes noticias estaba de pie en oración. Él respondió preguntando cómo podía ser posible que esto sucediera, considerando su edad y la esterilidad de su esposa. Dios entonces confirmó la lección que María había entendido.

“Dijo: ¡Señor mío! ¿Cómo podré tener un hijo si me ha alcanzado la vejez y mi mujer es estéril? Le respondió: ¡Así será! Porque Dios hace lo que Le place”. (Corán 3:40)

Zacarías pidió un signo, preguntándose cómo sabría que este milagro realmente iba a sucederle a él y a su esposa. Dios contestó que él (Zacarías) perdería el poder del habla y no sería capaz de comunicarse, excepto con señales. Zacarías fue instruido a pasar el tiempo recordando y glorificando a Dios, y salió de su lugar de oración incapaz de hablar.

El Corán nos dice que el Profeta Zacarías y su esposa hicieron buenas acciones, invocaron a Dios con temor y esperanza, y fueron humildes; entonces Dios los recompensó, en su vejez, con un hijo.

“Y escuchamos su súplica, y le agraciamos con [su hijo] Juan, pues hicimos que su mujer fuera otra vez fértil. Les agraciamos porque siempre se apresuraban a realizar obras buenas, Nos invocaban con temor y esperanza, y eran sumisos”. (Corán 21:90)

Este no era un hijo ordinario. A Juan le fue otorgada sabiduría mientras aún era un niño, y fue instruido por Dios para apegarse a la Tora. Era comprensivo y capaz de mostrar compasión y misericordia hacia la humanidad. Dios creó a Juan recto y libre de pecado.

“[Cuando su hijo alcanzó la pubertad, le dijimos:] ¡Oh, Juan! Aférrate al Libro [la Tora] con firmeza. Y le concedimos la sabiduría desde pequeño”. (Corán 19:12)

La súplica sincera de un anciano y de su esposa estéril fue aceptada por Dios, y una lección valiosa fue enseñada a toda la humanidad. La generosidad de Dios es ilimitada. ¡Él es el Proveedor, el Sustentador, el Único!

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1 Comment

  1. root
    julio 12, 2013

    Muy bonito!

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