Durante casi seiscientos años, cualquier médico que se graduara en una universidad europea —de Bolonia a Lovaina, de Montpellier a Padua— estudió el mismo libro de texto: el Canon de Medicina de un persa nacido cerca de Bujara en el año 980. Se llamaba Abu Ali al-Husayn ibn Abdillah ibn Sina, y en Europa se le conoció, deformando su nombre, como Avicena. Fue médico, filósofo y una de las mentes más influyentes de la historia de la ciencia.
Su impacto hoy
Cuando un médico organiza el diagnóstico por síntomas y sistemas del cuerpo, cuando distingue entre causa y enfermedad, o cuando confía en una farmacopea ordenada de medicamentos, está usando, muy de lejos, una estructura que Ibn Sina fijó por escrito hace mil años. Su Canon no solo enseñó datos médicos: enseñó una forma de organizar el conocimiento médico que las universidades europeas adoptaron como modelo durante generaciones, hasta el siglo XVII.
Quién fue
Nació en el año 980 en Afshana, cerca de Bujara (en la actual Uzbekistán), entonces capital del emirato samánida, una de las cortes más cultas de su tiempo. Según la autobiografía que dictó de adulto a su discípulo y biógrafo Abu Ubayd al-Yuzjani —la fuente principal sobre su vida—, memorizó el Corán completo a los diez años y estudió lógica, geometría y jurisprudencia islámica con maestros locales antes de dedicarse, en buena parte de forma autodidacta, a la medicina, que dominaba, según su propio relato, hacia los dieciséis años.
Hacia los dieciocho fue llamado a tratar al emir Nuh ibn Mansur, y su éxito le abrió el acceso a la rica biblioteca real de Bujara. A partir de ahí llevó una vida itinerante, marcada por la inestabilidad política de la región: sirvió como médico y, en varios casos, como visir (ministro) en las cortes de Gorganj, Rey, Hamadan e Isfahán, escribiendo buena parte de su obra en los tramos entre un puesto y otro, a veces mientras huía de algún gobernante rival. Murió en Hamadan, en el actual Irán, en 1037, a los cincuenta y siete años.
Su obra
- El Canon de Medicina (Al-Qanun fi al-Tibb, c. 1025). Una enciclopedia médica en cinco libros que organiza sistemáticamente la anatomía, la fisiología, las causas de la enfermedad, una farmacopea de cientos de sustancias medicinales, las enfermedades por órgano y las enfermedades generales del cuerpo. No inventó de la nada este saber —incorporó a Galeno, Hipócrates y la tradición médica persa e india—, pero le dio una estructura tan clara y completa que se convirtió en el texto de referencia del mundo islámico y, tras su traducción al latín en el siglo XII, también de Europa durante siglos, comúnmente citado hasta el XVII.
- La descripción de enfermedades contagiosas. Documentó la naturaleza transmisible de algunas enfermedades y describió el uso de la cuarentena como medida para contenerlas, siglos antes de que se entendiera la existencia de los microorganismos.
- Distinciones clínicas precisas. Diferenció, por ejemplo, la mediastinitis de la pleuresía, y describió con detalle cuadros como la meningitis, aportaciones que los historiadores de la medicina reconocen como observación clínica cuidadosa más que especulación.
- Al-Shifa (“La curación”). Fuera de la medicina, esta enorme enciclopedia de lógica, física, matemáticas y metafísica lo consolidó como uno de los filósofos más influyentes del islam clásico, con un peso que llegó, a través de traducciones, hasta pensadores cristianos medievales como Tomás de Aquino.
- El método de enseñanza. Organizó el Canon de forma didáctica, con resúmenes y clasificaciones que facilitaban memorizar y enseñar, una razón práctica más de su éxito como libro de texto durante tanto tiempo.
Fe y ciencia en su vida
Ibn Sina era un musulmán practicante que entendía el estudio de la naturaleza como una forma de acercarse al conocimiento de Allah, y su propia autobiografía —dictada ya en la madurez— describe momentos de oración explícita ligados a su trabajo intelectual. Al relatar las dificultades que tuvo para comprender la Metafísica de Aristóteles, cuenta que la leyó cuarenta veces sin entenderla del todo, hasta que encontró un breve comentario del filósofo Al-Farabi que le aclaró el sentido, y describe su alegría dando limosna a los pobres en agradecimiento.
«Cuando algún problema me resultaba difícil y no podía encontrar el término medio de un silogismo, iba a la mezquita, rezaba y pedía al Creador de todas las cosas que me abriera lo que me era arduo y me facilitara lo que era difícil».
Ibn Sina, autobiografía dictada a al-Yuzjani (trad. W. Gohlman)
Ese hábito —recurrir a la súplica ante un problema intelectual difícil— aparece de forma consistente en el relato de su propia vida, y coincide con la enseñanza islámica de que el conocimiento verdadero viene, en última instancia, de Allah, aunque se alcance con esfuerzo humano.
اقْرَأْ بِاسْمِ رَبِّكَ الَّذِي خَلَقَ«Lee, en el nombre de tu Señor, que ha creado».
Corán 96:1
Lo que le debemos
A Ibn Sina le debemos, sobre todo, un modelo de cómo organizar y transmitir el conocimiento médico: el Canon no es solo un compendio de datos, sino una arquitectura de clasificación que otros médicos, durante generaciones y en dos continentes, encontraron más útil que cualquier alternativa disponible. Su influencia en Europa —documentada por historiadoras como Nancy Siraisi— se extendió, con matices y correcciones locales, hasta que la anatomía de Vesalio y la fisiología de Harvey, ya en el siglo XVII, empezaron a superarlo.
Eso no lo convierte en infalible: parte de su fisiología, basada en la teoría de los cuatro humores heredada de Galeno, resultó incorrecta a la luz de la ciencia moderna. Pero pocos libros de medicina en toda la historia han tenido una vida útil tan larga como el suyo.
En resumen
- Ibn Sina, Avicena (Bujara, 980 — Hamadan, 1037), médico, filósofo y visir en varias cortes de Asia Central e Irán.
- Su Canon de Medicina organizó sistemáticamente la medicina de su tiempo en cinco libros.
- Traducido al latín, fue texto universitario en Europa durante siglos, comúnmente citado hasta el XVII.
- Documentó enfermedades contagiosas, la cuarentena y distinciones clínicas precisas.
- Escribió también Al-Shifa, una enorme enciclopedia filosófica de gran influencia posterior.
- Su propia autobiografía describe una fe practicante entretejida con su trabajo intelectual.



