Antes de que existieran los microscopios o la palabra “virus”, un médico de Ray, cerca de la actual Teherán, distinguió con precisión clínica dos enfermedades que durante siglos se habían confundido: la viruela y el sarampión. Se llamaba Abu Bakr Muhammad ibn Zakariyya al-Razi, conocido en Europa como Rhazes, y fue uno de los médicos más influyentes y honestos del islam clásico.
Su impacto hoy
Cuando un médico observa a un paciente, compara síntomas con casos anteriores y admite que a veces la respuesta no está clara, está practicando un enfoque clínico que Al-Razi defendió explícitamente hace más de mil años: registrar lo que se ve, comparar, y no fingir certeza donde no la hay. Y cuando alguien recibe atención médica sin importar si puede pagarla, hay un eco lejano de la ética profesional que él escribió por primera vez como tratado.
Quién fue
Nació en Ray (cerca de la actual Teherán, Irán) en el año 865. Según la tradición biográfica, se dedicó primero a la música y, según algunas fuentes, a la alquimia antes de estudiar medicina ya adulto, posiblemente en Bagdad, aunque los detalles de su formación temprana no están completamente documentados. Lo que sí es firme es su carrera profesional: dirigió el bimaristán (hospital) de Ray, su ciudad natal, y más tarde fue nombrado director del gran hospital de Bagdad, uno de los centros médicos más importantes del mundo islámico en su época.
Biógrafos posteriores, como Ibn Abi Usaybiʿa, cuentan una anécdota famosa sobre cómo eligió la ubicación del hospital de Bagdad: mandó colgar trozos de carne fresca en distintos barrios de la ciudad y observó en cuál tardaba más en descomponerse, tomando eso como indicio de mejor calidad del aire, un criterio empírico notable para su época. Al final de su vida, según la tradición, perdió la vista, posiblemente por cataratas, y murió en Ray en el año 925.
Su obra
- La diferenciación entre viruela y sarampión. Su tratado Kitab fi al-Jadari wa-l-Hasbah describe con detalle clínico los síntomas, la evolución y el pronóstico de ambas enfermedades como cuadros distintos, algo que la medicina anterior no había establecido con esa claridad. Los historiadores de la medicina lo consideran un hito temprano y bien documentado en el estudio de las enfermedades infecciosas.
- Al-Hawi (El Compendio). Una vasta colección de sus notas clínicas, organizada por tema y compilada por sus discípulos después de su muerte. A diferencia de una enciclopedia ordenada desde el inicio, es un archivo honesto de observaciones, comparaciones entre autores médicos anteriores y sus propios casos, incluidos los que no tuvieron el resultado esperado.
- La ética del médico (Akhlaq al-Tabib). Un tratado breve pero influyente sobre la conducta profesional: tratar por igual a ricos y pobres, mantenerse actualizado porque la medicina avanza, ser paciente con enfermos difíciles y reconocer los límites del propio conocimiento en vez de fingir certeza.
- La dirección de hospitales. Como director de los bimaristanes de Ray y Bagdad, aplicó criterios prácticos de organización y salubridad, y formó a generaciones de médicos jóvenes que pasaban por esos hospitales como parte de su preparación clínica.
- Obras de alquimia y farmacología. Escribió también sobre sustancias químicas y su uso medicinal, con un enfoque práctico que buscaba clasificar y probar los materiales antes que especular sobre ellos.
Fe y ciencia en su vida
Al-Razi ejerció la medicina dentro del marco religioso de su época, para el que buscar tratamiento no era resignación sino un mandato explícito de la Sunnah.
«Buscad tratamiento, siervos de Allah, porque Allah, Imponente y Majestuoso, no ha hecho descender una enfermedad sin hacer descender junto a ella su cura, la conozca quien la conozca y la ignore quien la ignore, salvo una: la vejez».
Sunan at-Tirmidhi 2038
Su tratado sobre la ética del médico refleja, en su insistencia en tratar por igual a ricos y pobres y en no abandonar nunca al paciente difícil, una noción de servicio que coincide con la enseñanza islámica de que atender al enfermo es una forma de bien mayor. Es cierto que, en filosofía, Al-Razi defendió posturas propias que otros pensadores musulmanes de su época consideraron problemáticas, y ese debate forma parte de la historia intelectual del islam clásico; pero en su ejercicio médico documentado —los tratados que escribió y las instituciones que dirigió— no hay indicio de conflicto con su identidad religiosa, sino más bien una vocación de servicio que él mismo describía en términos de deber hacia el paciente.
فَإِنَّ اللَّهَ لَمْ يُنْزِلْ دَاءً إِلَّا أَنْزَلَ لَهُ شِفَاءً«Allah no ha hecho descender una enfermedad sin hacer descender para ella una cura».
Sahih al-Bujari 5678
Lo que le debemos
A Al-Razi le debemos, ante todo, un modelo de honestidad clínica: registrar lo que se observa, incluidos los fracasos, en vez de presentar solo los éxitos. Su diferenciación entre viruela y sarampión es un hito real y bien documentado en la historia de la medicina de enfermedades infecciosas, y su tratado sobre ética médica es uno de los primeros textos que formaliza, por escrito, principios que hoy consideraríamos parte de cualquier código deontológico: igualdad de trato, actualización continua y humildad profesional.
No fue un médico infalible ni el único gran clínico de su generación —convivió con otras figuras de peso en la medicina islámica clásica—, pero pocas figuras combinaron en su obra, con tanta claridad, la observación clínica cuidadosa y una reflexión explícita sobre cómo debe comportarse un médico.
En resumen
- Abu Bakr al-Razi (Ray, 865 — Ray, 925), conocido en Europa como Rhazes, médico y director de hospitales en Ray y Bagdad.
- Escribió el primer tratado conocido que distingue clínicamente la viruela del sarampión.
- Su obra Al-Hawi compila con honestidad décadas de observación clínica, incluidos los fracasos.
- Su tratado Akhlaq al-Tabib formalizó por escrito una ética profesional del médico.
- Dirigió los hospitales de Ray y de Bagdad, aplicando criterios prácticos de organización.
- Buscar tratamiento, para él, era coherente con la enseñanza islámica de que toda enfermedad tiene cura.



