En la mezquita del Profeta ﷺ, en Medina, había una puerta que se llamaba la puerta de las mujeres. Por ella entraban las compañeras a rezar las cinco oraciones, a escuchar el viernes, a aprender, a preguntar y a opinar. Esa puerta, y lo que había detrás de ella, es el punto de partida de esta página: cuál es el lugar de la mujer en la mezquita y en la vida de la comunidad según la Sunnah, qué pasó después en algunos lugares, y cómo lo vivimos en Guadalajara.
«No impidáis a las mujeres las mezquitas»
«Cuando vuestras mujeres os pidan permiso para ir a la mezquita, dádselo».
Sahih al-Bujari 900; Sahih Muslim 442
«No impidáis a las siervas de Allah las mezquitas de Allah».
Sunan Abu Dawud 567
Estos hadices se dijeron porque hacía falta decirlos: ya en tiempos del Profeta ﷺ había hombres que preferían que sus esposas se quedaran en casa. Él se lo prohibió, y la práctica de Medina fue la que describen las fuentes:
- Las cinco oraciones. Las mujeres rezaban el Fajr en la mezquita con el Profeta ﷺ y volvían a casa cuando aún estaba oscuro, envueltas en sus mantos (Bujari 865). Si rezaban la oración del alba, rezaban las demás.
- El viernes. Asistían al sermón y a la oración; varios hadices sobre el contenido de las khutbas los transmiten mujeres que estaban allí.
- El Eid. Umm ʿAtiyyah cuenta que el Profeta ﷺ ordenó que salieran al Eid todas las mujeres, incluidas las jóvenes y las que tenían la menstruación, que se apartaban del lugar de la oración pero participaban de la reunión y las súplicas (Bujari 324, 974). En un Eid, bajó del púlpito y fue expresamente a la sección de las mujeres a exhortarlas, y ellas se quitaron los anillos y pendientes para darlos en caridad (Bujari 1412).
- Las noches de Ramadán. Rezaban el taraweeh en la mezquita, y siguieron haciéndolo bajo los califas.
- El retiro espiritual (iʿtikaf): las esposas del Profeta ﷺ lo hacían en la mezquita, con sus tiendas (Bujari 2033).
Cuando ʿUmar ibn al-Khattab quiso desalentar a su esposa ʿAtikah de ir a la mezquita, no se lo prohibió, porque sabía que el Profeta ﷺ lo había prohibido; y ella siguió yendo hasta el día en que ʿUmar fue asesinado en el Fajr, con ella presente.
Cómo se organizaba el espacio
El Profeta ﷺ organizó la mezquita con sentido común y pudor, no con exclusión:
- Las filas de las mujeres detrás de las de los hombres (Muslim 440), porque la oración incluye inclinarse y postrarse y nadie debe tener un cuerpo ajeno delante de los ojos. Cuando la mezquita es una sala única, es lo que se hace; muchas mezquitas usan hoy una sala contigua o un balcón. Lo esencial: que la mujer oiga al imam y forme parte de la misma congregación.
- Una puerta propia: el Profeta ﷺ dijo «si dejáramos esta puerta para las mujeres…» y desde entonces se llamó así (Abu Dawud 462).
- Salir primero: al terminar, el Profeta ﷺ se quedaba unos momentos sentado para que las mujeres salieran antes que los hombres (Bujari 866).
- Sin perfume al ir a la mezquita (Muslim 443), como parte del pudor del espacio compartido, y con la vestimenta de la calle (24:31).
El hadiz que dice que «sus casas son mejores para ellas» (Abu Dawud 567) se ha usado a veces para cerrar la puerta. Su sentido es otro: la mujer no está obligada a la congregación como el hombre, y su oración en casa vale igual que la del hombre en la mezquita; es una facilidad para la que tiene hijos pequeños o trabajo, no una exclusión. La primera mitad del mismo hadiz es «no las impidáis». Las dos mitades van juntas.
El derecho a aprender y a enseñar
Las mujeres dijeron al Profeta ﷺ: «Los hombres te tienen más que nosotras; dedícanos un día». Y él les fijó un día en que se reunía con ellas, las exhortaba y les enseñaba.
Sahih al-Bujari 101
Las compañeras preguntaban en público, sin vergüenza, sobre menstruación, matrimonio, herencia o guerra; los libros de hadiz están llenos de «una mujer vino al Profeta ﷺ y preguntó…». Y enseñaban: ʿAishah a los grandes compañeros, Ash-Shifa a Hafsah (Abu Dawud 3887), Umm ʿAtiyyah a la comunidad entera cómo se lava al difunto. Durante los mil años siguientes las muhaddithat enseñaron hadiz en las mezquitas a los sabios más grandes, como contamos en las grandes mujeres del Islam. La mujer puede dar clases en la mezquita, a mujeres y a hombres, con la modestia debida, y puede dirigir la oración de otras mujeres; Umm Waraqah dirigía la de su casa con permiso expreso del Profeta ﷺ (Abu Dawud 591). Lo que el consenso reserva a los hombres es dirigir la oración de una congregación mixta; todo lo demás está abierto.
El trabajo y el dinero
Las compañeras trabajaban fuera de casa y nadie lo consideró extraño: Asma bint Abi Bakr en el campo (Bujari 5224), otras vendiendo, curtiendo, cosiendo, cuidando enfermos. ʿUmar puso a una mujer, Ash-Shifa, al frente del mercado de Medina. Las condiciones que la Sunnah pone al trabajo de la mujer son las mismas que pone al del hombre: honestidad, modestia en el trato y en la vestimenta, y no abandonar a quien depende de uno. Su salario es suyo (4:32) y no está obligada a gastarlo en la casa. La mujer que trabaja y la que decide dedicarse a su hogar cumplen ambas con el Islam; lo que el Islam no acepta es que se le prohíba trabajar por ser mujer, ni que se la obligue a mantener la casa, que es deber del esposo.
La voz pública
وَالْمُؤْمِنُونَ وَالْمُؤْمِنَاتُ بَعْضُهُمْ أَوْلِيَاءُ بَعْضٍ ۚ يَأْمُرُونَ بِالْمَعْرُوفِ وَيَنْهَوْنَ عَنِ الْمُنكَرِ«Los creyentes y las creyentes son protectores unos de otros: ordenan el bien y prohíben el mal».
Corán 9:71
Ordenar el bien y prohibir el mal es una tarea pública, y el Corán la encarga a los dos. Las creyentes dieron su juramento de lealtad al Profeta ﷺ directamente, no a través de sus esposos (60:12). Umm Salamah resolvió con su consejo la crisis de Hudaybiyyah (Bujari 2731). Khawlah bint Thaʿlabah discutió con el Profeta ﷺ sobre su divorcio, y Allah reveló que la había escuchado (58:1); años después detuvo al califa ʿUmar en la calle para reprenderlo, y él la escuchó de pie hasta que terminó, diciendo: «Allah la escuchó desde el cielo, ¿y no la va a escuchar ʿUmar?». Otra mujer corrigió a ʿUmar en público, ante toda la congregación, cuando quiso limitar el mahr, citándole el Corán, y él se retractó: «La mujer tiene razón y ʿUmar se equivocó». En la batalla, las mujeres estaban en Uhud y Hunayn (Bujari 2880).
Nada de esto es “feminismo occidental” trasplantado: es la primera generación. Votar, asociarse, escribir, enseñar, opinar sobre los asuntos de la comunidad y ocupar responsabilidades es hacer lo que ellas hicieron. Lo que el Islam pide es que se haga con la modestia, la honestidad y el respeto que pide a todos, hombres y mujeres.
La maternidad, sin encierro
El Islam honra a la madre por encima del padre (Muslim 2548) y considera la crianza una misión, no una condena. Pero la aleya que se cita para “encerrar” a la mujer (33:33, «quedaos en vuestras casas») va dirigida a las esposas del Profeta ﷺ, con reglas propias de su rango (33:32). La madre de los compañeros no vivía encerrada: iba a la mezquita con sus hijos (el Profeta ﷺ acortaba la oración si oía llorar a un niño, Bujari 707), al mercado, a visitar a su familia, a los funerales y a las celebraciones. La maternidad y la vida pública no se excluían; se ayudaban, porque la comunidad cuidaba a los niños entre todos.
Lo que pasó después, y lo que hacemos aquí
Con los siglos, en algunas regiones, las costumbres locales fueron cerrando la puerta que el Profeta ﷺ mandó abrir: mezquitas sin espacio para mujeres, clases solo para hombres, comunidades donde la mujer no tiene voz. No es la Sunnah; es su olvido, y hay que decirlo. Cada vez que una mezquita se construye sin sala de mujeres, contradice a Bujari 900.
En la mezquita de Guadalajara:
- Hay espacio para mujeres en todas las oraciones, el viernes, el Eid y el taraweeh de Ramadán.
- Las clases de enseñanza del Islam de los fines de semana son para todos; hay también reuniones y lecturas solo de mujeres.
- Un grupo de hermanas acompaña a las nuevas musulmanas, a las mujeres que tienen curiosidad por el Islam y a quienes pasan por un momento difícil, coordina el iftar comunitario en Ramadán y las celebraciones, y tiene voz en las decisiones de la comunidad.
- Las mujeres enseñan en la comunidad, organizan actividades y representan a la mezquita ante la ciudad.
Si eres mujer y nunca has entrado en una mezquita, la puerta está abierta. Si eres musulmana y en tu país no había lugar para ti, aquí lo hay. Y si eres hombre de la comunidad, tu deber es el que fijó el Profeta ﷺ: no impedir, sino facilitar.
Preguntas prácticas frecuentes
- ¿Puedo ir con mis hijos? Sí. El Profeta ﷺ rezaba con niños alrededor, cargó a su nieta durante la oración (Bujari 516) y acortaba la recitación si oía llorar a un bebé (Bujari 707). Los niños en la mezquita no son un estorbo: son la comunidad de dentro de veinte años. Si un niño llora, se le atiende con calma; nadie tiene derecho a mirar mal a una madre.
- ¿Y si tengo la menstruación? Puedes venir a las clases, a las celebraciones y a las reuniones; solo te apartas del lugar de la oración, como hacían las compañeras en el Eid (Bujari 324). Nadie tiene por qué saberlo ni preguntarlo.
- ¿Cómo debo vestir? Con la vestimenta normal de la calle según el Islam: ropa holgada, no transparente, y pañuelo (24:31); sin perfume fuerte (Muslim 443). Si aún no usas hiyab, la mezquita tiene pañuelos prestados y nadie te juzgará por venir a aprender.
- ¿Puedo hablar con el imam directamente? Sí, y debes hacerlo cuando lo necesites: las compañeras preguntaban al Profeta ﷺ sin intermediarios. Si prefieres, una hermana te acompaña o pregunta por ti.
- ¿Tienen voz las mujeres en las decisiones? En la mezquita de Guadalajara, sí: el grupo de hermanas participa en la organización de las actividades, las celebraciones y la acogida, y sus propuestas se escuchan. Una comunidad que decide sin la mitad de sus miembros no está siguiendo la Sunnah de Hudaybiyyah.
- ¿Puedo venir aunque no sea musulmana? Claro. Las puertas están abiertas a quien quiera conocer, con respeto y curiosidad. Muchas hermanas de la comunidad entraron por primera vez así.
En resumen
- El Profeta ﷺ prohibió impedir a las mujeres ir a la mezquita (Bujari 900); las compañeras rezaban las cinco oraciones, el viernes, el Eid y el taraweeh con él.
- El espacio se organiza con pudor, no con exclusión: filas detrás o sala contigua, puerta propia, salir primero; la mujer no está obligada a la congregación, pero tiene derecho a ella.
- La mujer aprende y enseña (Bujari 101), a mujeres y a hombres; dirige la oración de mujeres (Abu Dawud 591).
- Trabaja, con su salario propio (4:32), y tiene voz pública: el juramento (60:12), el consejo de Umm Salamah, las mujeres que corrigieron a ʿUmar.
- La maternidad no es encierro: 33:33 es para las esposas del Profeta ﷺ.
- En Guadalajara: espacio, clases y un grupo de hermanas con voz.
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