Cada año, miles de niños en México quedan sin quien los cuide: por muerte de los padres, por abandono, por adicciones, por prisión, por pobreza extrema. El DIF, los albergues y muchas familias abren sus puertas para criarlos. El Islam tiene una palabra y una postura clara para esto: honra enormemente a quien cuida al huérfano, y al mismo tiempo corrige con cuidado una costumbre antigua —adoptar borrando el origen del niño— que muchas familias mexicanas practican sin saberlo, con la mejor intención. Esta página explica la diferencia entre la kafalah islámica y la adopción legal mexicana, y cómo un musulmán puede cuidar a un niño sin padres con todo el amor que merece y con la honestidad que el Corán pide.
El honor de cuidar al huérfano
«Yo y quien mantiene al huérfano estaremos en el Paraíso así» —y unió el índice y el dedo medio, separándolos un poco.
Sahih al-Bujari 5304
Pocas promesas en el Corán y la Sunnah son tan directas y tan altas: estar cerca del Profeta ﷺ en el Paraíso. El huérfano ocupa un lugar central en la revelación —el propio Profeta ﷺ perdió a su padre antes de nacer y a su madre a los seis años, y fue criado por su abuelo y después por su tío—, y el Corán le dedica advertencias fuertes:
«¿Has visto al que desmiente la Religión? Es quien repele al huérfano».
Corán 107:1-2
«Y al huérfano, no lo oprimas».
Corán 93:9
El Corán no separa la fe verdadera de la práctica hacia el más desprotegido: quien desatiende al huérfano, dice literalmente la sura Al-Maʿun, desmiente la religión, por mucho que rece.
La kafalah frente a la adopción legal
La Arabia preislámica practicaba una costumbre llamada tabanni: un hombre adoptaba a un niño y este tomaba su apellido, perdiendo todo rastro legal de su familia de origen, como si hubiera nacido de la nueva. El Profeta ﷺ mismo tuvo un hijo adoptivo así, Zayd ibn Harithah, conocido durante años como “Zayd ibn Muhammad”. El Corán corrigió esa práctica directamente:
ادْعُوهُمْ لِآبَائِهِمْ هُوَ أَقْسَطُ عِندَ اللَّهِ«Llamadlos por el nombre de sus padres: es más justo ante Allah. Y si no conocéis a sus padres, son vuestros hermanos en la religión».
Corán 33:4-5
A partir de esta aleya, Zayd volvió a llamarse “Zayd ibn Harithah”. La razón no es sentimental sino de justicia: el niño tiene derecho a conocer su origen real, y borrar su identidad biológica —aunque sea con buena intención— no le pertenece a quien lo adopta decidir por él. De ahí nace la kafalah: el compromiso de criar, alimentar, educar y amar a un niño sin padres, dándole todo lo que un hijo necesita, sin fingir jurídicamente que nació de quien lo cuida.
En México, la adopción legal (a través del DIF o de un juez familiar) sí cambia el apellido del niño y le da herencia automática como si fuera hijo biológico, siguiendo el modelo occidental que el Corán corrigió. Esto no convierte el trámite en pecado —la protección legal que da al niño es real y necesaria—, pero sí invita a la familia musulmana a vivir el espíritu de la kafalah dentro de ese marco: no esconder el origen del niño, buscar conservar su apellido de nacimiento cuando sea posible, y resolver la herencia por testamento en vez de asumir que hereda como hijo de sangre.
El niño en la casa: mahram y lactancia
Un niño criado en casa desde bebé, sin ningún vínculo especial, no se vuelve automáticamente mahram (pariente con quien está prohibido el matrimonio y frente a quien no aplican las reglas estrictas de pudor) de quienes lo crían. Esto importa sobre todo cuando el niño crece: al llegar a la pubertad, si es niño y hay una madre adoptiva sin ese vínculo, o si es niña y hay un padre adoptivo sin ese vínculo, aplican las reglas normales de pudor entre adultos que no son mahram.
El Islam ofrece una solución hermosa para esto, presente ya en tiempos del Profeta ﷺ: la lactancia (radaʿah). Si la madre adoptiva amamanta al bebé antes de que cumpla dos años, con el número de tomas que la mayoría de los estudiosos considera suficiente, se establece un parentesco de leche real:
«Queda prohibido por la leche lo que queda prohibido por el parentesco de sangre».
Sahih al-Bujari 2645; Sahih Muslim 1444
Esto hace al niño mahram de la madre, del padre y de los hermanos de leche, con todos los derechos de pudor que eso implica, aunque no le da herencia automática (esa sigue por testamento). Cuando la adopción llega siendo el niño mayor de dos años, o cuando la lactancia no es posible, simplemente se viven las reglas normales de pudor en casa a partir de la pubertad: cubrirse frente a él o ella con la misma modestia que frente a cualquier adulto no pariente, sin que eso signifique menos cariño ni menos hogar.
La herencia del niño adoptado
Como no hay parentesco de sangre, el niño adoptado no hereda automáticamente de quienes lo criaron según las reglas fijas de la herencia islámica (ver la herencia en el Islam). La solución que el Islam ofrece es el testamento (wasiyyah): los padres pueden legar hasta un tercio de sus bienes a quien no es heredero fijo, y eso incluye perfectamente a un hijo criado por adopción. Hacerlo temprano —desde que el niño llega a casa— evita disgustos futuros y asegura que quien fue criado con amor no quede desprotegido económicamente.
El DIF, el juez y qué explicar
Un musulmán en México puede adoptar legalmente sin ningún conflicto con su fe: el sistema del DIF protege al niño, revisa la idoneidad de la familia y da seguridad jurídica que el Islam no solo permite sino que agradece, porque protege al huérfano. Al presentarse ante un juez o trabajador social, no hay necesidad de explicar teología: basta con seguir el proceso legal normal. Donde sí puede haber una decisión personal es en el apellido —muchas legislaciones permiten conservar el apellido de nacimiento como parte del nuevo, o al menos registrarlo en el expediente— y en cómo la familia decide, puertas adentro, hablarle al niño de su historia con honestidad y cariño cuando llegue el momento, en vez de ocultarla.
Otras formas de cuidar: sobrinos, el niño de la calle, apadrinar
No todo huérfano o niño desprotegido llega a una familia formal. En las calles de las grandes ciudades mexicanas, incluida Guadalajara, hay niños sin adulto responsable, en situación de calle o de riesgo extremo. El Islam no pide que cada musulmán los adopte a todos, algo imposible, pero sí pide no mirar hacia otro lado:
- Conectar con instituciones confiables —albergues serios, el propio DIF, organizaciones civiles con trayectoria comprobada— es preferible a la ayuda improvisada en la calle, que a veces hace más daño que bien.
- La sadaqah regular hacia un albergue de menores, aunque sea modesta, cumple con el espíritu de la kafalah sin necesidad de un trámite de adopción.
- Apadrinar a distancia a un huérfano en otro país o en otra ciudad de México —sosteniendo su comida, su escuela, su salud con una aportación mensual— es una práctica que varias organizaciones musulmanas facilitan hoy, y que la tradición islámica considera una forma plena de cumplir la promesa del hadiz de Bujari 5304, sin que haga falta tener al niño viviendo bajo el mismo techo.
- Los sobrinos y ahijados criados informalmente por tíos, padrinos o vecinos cuando sus propios padres no pueden hacerse cargo temporalmente también cuentan como kafalah, aunque nunca pase por un juzgado.
Hablar con el niño sobre su historia
Uno de los puntos donde la kafalah islámica se distingue más claramente de la costumbre occidental de “adopción cerrada” es la honestidad. Ocultarle a un niño, durante años, que fue adoptado, y que se entere después por un tercero o por un documento, suele causar más daño que contárselo desde pequeño con naturalidad, como parte de su historia y no como un secreto vergonzoso. El Corán mismo trató este tema con Zayd ibn Harithah de forma pública, no oculta: su origen no era un secreto, y eso no disminuyó el amor que el Profeta ﷺ le tuvo, a quien llamaba “mi hijo amado” incluso después de que la aleya 33:5 restaurara su verdadero apellido. Contarle a un hijo adoptivo su historia, con las palabras adecuadas para su edad, es un acto de amor, no una traición a él.
En resumen
- El Islam honra enormemente cuidar al huérfano (Bujari 5304; 93:9; 107:1-2).
- La kafalah cría con amor sin borrar el origen del niño (33:4-5); la adopción legal mexicana sí cambia el apellido y da herencia automática, y puede vivirse con el espíritu de la kafalah puertas adentro.
- El niño no es mahram automáticamente; la lactancia antes de los dos años sí crea ese vínculo (2:233; 4:23).
- La herencia se asegura con testamento, hasta un tercio de los bienes.
- Apadrinar, criar sobrinos o cuidar al niño de la calle son también formas válidas de kafalah.
¿Estás considerando la kafalah de un niño, o ya criaste a uno sin conocer estas reglas? En la mezquita de Guadalajara te orientamos con calma. Escríbenos o acércate a nuestras actividades.



