El “padre en el norte” o la “madre que se fue a trabajar del otro lado” es una figura tan común en la familia mexicana que casi no necesita explicación. Cientos de miles de familias viven divididas por la migración, muchas veces por años, sosteniendo el hogar con remesas y videollamadas. El Islam no condena este esfuerzo: lo reconoce como una forma legítima de buscar el sustento. Pero también pone límites claros a la ausencia y protege los derechos de quien espera. Esta página reúne ambas cosas.
El viaje por sustento es lícito
وَآخَرُونَ يَضْرِبُونَ فِي الْأَرْضِ يَبْتَغُونَ مِن فَضْلِ اللَّهِ«Y otros viajan por la tierra buscando del favor de Allah».
Corán 73:20
فَامْشُوا فِي مَنَاكِبِهَا وَكُلُوا مِن رِّزْقِهِ«Recorred sus regiones y comed de Su provisión».
Corán 67:15
El Corán no romantiza la pobreza ni pide quedarse quieto esperando el sustento sin buscarlo; al contrario, describe el desplazamiento en busca de trabajo como parte del favor de Allah en la tierra. Un padre o una madre que migra para poder enviar dinero a casa no está fallando en su fe ni en su papel familiar: en muchos casos está, precisamente, cumpliendo su obligación de sustento (2:233) de la única forma que tiene disponible.
Los límites de la ausencia
Al mismo tiempo, el Islam no ve la ausencia prolongada como algo sin costo ni sin límite. Un precedente histórico ilustra el principio: se relata que el califa ʿUmar, al notar el sufrimiento de las esposas de los soldados enviados en campañas largas, estableció que ningún hombre debía estar fuera de su casa por causa de guerra más de cuatro meses, inspirándose en el plazo que el Corán fija para el juramento de abstención marital:
«Quienes juren abstenerse de sus esposas tienen un plazo de cuatro meses de espera».
Corán 2:226
Este precedente no es una ley fija que se aplique letra por letra a la migración laboral moderna —las circunstancias económicas de hoy exigen ausencias más largas con frecuencia—, pero sí marca un principio: la ausencia prolongada del esposo tiene un costo real sobre el matrimonio y sobre la esposa, y ese costo debe reconocerse y aliviarse, no ignorarse como si no existiera. Visitas periódicas cuando sea posible, comunicación constante, y un plan claro de reunión familiar (traerlos, o volver) son parte de vivir la migración con responsabilidad islámica, no solo con responsabilidad económica.
La fidelidad a distancia
La distancia prolongada es, sin rodeos, una de las pruebas más fuertes para la fidelidad matrimonial, en cualquier dirección. El Islam no ofrece atajos mágicos, pero sí herramientas: mantener el pudor en el trato con compañeros de trabajo del sexo opuesto, evitar la khalwah (quedarse a solas) con quien no es mahram aunque sea “solo un compañero de cuarto o de trabajo”, recordar constantemente el propósito del matrimonio, y sostener la comunicación afectiva con el cónyuge que espera, no solo la económica. La ausencia física no disuelve los votos ni las responsabilidades del nikah.
El matrimonio por videollamada
Con la migración han surgido preguntas nuevas: ¿puede una pareja casarse por videollamada si el novio está en Estados Unidos y la novia en México? La respuesta depende de qué parte del proceso se haga a distancia:
- La khitbah (el compromiso, conocerse, decidir casarse) puede perfectamente conversarse por videollamada, con la familia presente del lado de ella.
- El nikah, el contrato mismo, requiere que el wali de la novia y los dos testigos estén físicamente presentes en el mismo lugar donde se pronuncia el contrato, junto con quien representa al novio si él no puede estar presente en persona. Un contrato hecho enteramente por pantalla, sin esa presencia física, no cumple las condiciones tradicionales del nikah (Abu Dawud 2085; Tirmidhi 1101).
En la práctica, muchas familias esperan a que el novio pueda viajar, o hacen el nikah con un representante (wakil) presente físicamente en su nombre, algo que sí es válido según varias escuelas, mientras el novio participa por videollamada solo como testigo emocional del momento, no como parte legal insustituible del contrato.
Documentos, estatus migratorio y la familia como prioridad
La situación legal de quien migra —con documentos, en trámite, o sin ellos— añade una capa más de estrés a la separación: el miedo a una deportación, la imposibilidad de salir y volver a entrar libremente, los años que a veces se necesitan para regularizar un estatus. El Islam no tiene una postura sobre trámites migratorios específicos de un país, pero sí sobre el principio de fondo: buscar la vía legal disponible, por lenta que sea, es preferible a atajos que pongan en riesgo la vida o la libertad, y la prioridad de mantener a la familia unida o reunida cuanto antes debe pesar en cada decisión sobre cuándo y cómo regularizar la situación.
Los hijos que crecen sin uno de los padres presente
Como en el caso del padre ausente por otras razones (ver el padre ausente y la madre sola), los hijos de familias migrantes crecen con una figura parcial: presente por videollamada, ausente en lo cotidiano. La comunidad, los abuelos (ver los abuelos que crían) y el contacto regular y afectivo —no solo las remesas— ayudan a que esa ausencia física no se convierta en ausencia emocional total.
La esposa que espera: sus derechos completos
Más allá del sustento económico, la esposa que se queda en México mientras el esposo trabaja en el extranjero conserva todos sus derechos matrimoniales: a ser tratada con benevolencia en la comunicación que sí existe (4:19), a que él no tome decisiones grandes sobre la familia sin consultarla, a saber con claridad cuál es el plan de reunión o de regreso, y a que la ausencia no se use como excusa para desatender emocionalmente el matrimonio “porque de todos modos no estoy allá”. La distancia física no reduce ninguno de estos derechos: los vuelve más difíciles de ejercer, y por eso exige más esfuerzo consciente de comunicación, no menos.
Las remesas, el sustento y la deuda del “coyote”
Las remesas son, en la práctica de millones de familias mexicanas, el cumplimiento directo del sustento que el Corán exige (2:233). El Islam no ve nada negativo en que ese sustento llegue por transferencia electrónica en vez de en persona; lo que importa es que llegue con regularidad y proporción a lo que se necesita.
Sobre la deuda contraída para pagar el cruce irregular de la frontera (“el coyote”): es una deuda real que, si se contrajo, debe pagarse con seriedad, como cualquier préstamo (Corán 2:282). Pero antes de contraerla vale la pena sopesar con honestidad el riesgo: el Islam pone la preservación de la vida entre los objetivos más altos de la ley (maqasid ash-shariʿah), y el cruce irregular ha costado la vida a miles de personas. No es un juicio hacia quien ya lo hizo por necesidad extrema, sino una advertencia seria para quien todavía está decidiendo.
Cuando la separación se rompe: divorcio a distancia
Hay casos en que la distancia, sostenida por años sin plan de reunión, termina por romper el matrimonio: uno de los dos rehace su vida en el nuevo país, o simplemente el vínculo se agota. El Islam permite el divorcio también a distancia, siguiendo el mismo proceso que cualquier otro (ver el divorcio en el Islam), y el imam de la mezquita puede orientar a la esposa que se queda en México sobre cómo formalizarlo tanto religiosa como civilmente, incluso si el esposo está en otro país y no coopera activamente. No es necesario que la mujer quede en un limbo indefinido por la sola distancia geográfica de su esposo.
Volver, traer a la familia, o quedarse
No hay una respuesta única sobre si es mejor volver a México, traer a la familia al norte, o mantener la separación por un tiempo definido: depende de la situación migratoria, económica y familiar de cada quien. Lo que el Islam sí pide es que la decisión no sea indefinida por omisión —dejar pasar los años sin plan— sino conversada activamente entre esposos, con metas y plazos claros que ambos entiendan, aunque cambien con el tiempo.
El musulmán migrante en Estados Unidos
Quien migra al norte encuentra, en la gran mayoría de las ciudades, una comunidad musulmana establecida: mezquitas con oración diaria, apoyo comunitario, y en muchos casos ayuda concreta para migrantes recién llegados (vivienda temporal, orientación legal, alimento). Buscar esa comunidad desde los primeros días ayuda a no perder la práctica religiosa en medio del trabajo agotador y la soledad del desplazamiento, y da una red de apoyo real en un país nuevo.
El duelo del que no puede volver
Uno de los dolores más silenciosos de la migración es no poder volver a tiempo para un funeral, una boda o un nacimiento, por el riesgo de no poder regresar a Estados Unidos si se sale sin documentos regularizados. El Islam reconoce el peso de este duelo particular: la súplica por el familiar fallecido, hacerle llegar caridad en su nombre, y mantener el contacto con quienes sí pudieron despedirlo son formas válidas de participar en el duelo aunque el cuerpo no haya podido estar presente. No estar físicamente no significa no acompañar ni no doler igual.
En resumen
- Migrar para trabajar y sostener a la familia es lícito y reconocido por el Corán (73:20; 67:15).
- La ausencia prolongada tiene un costo real que debe reconocerse; el precedente de ʿUmar (cuatro meses) marca un principio, no una ley fija.
- El nikah por videollamada no es válido sin la presencia física del wali y los testigos; la khitbah sí puede hacerse a distancia.
- Las remesas cumplen el sustento que el Corán exige (2:233); la deuda del cruce se paga con seriedad, sopesando antes el riesgo a la vida.
- El musulmán migrante encuentra comunidad en casi cualquier ciudad de Estados Unidos, y puede sostener su fe y su hogar a la distancia.
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