“Así son los hombres” es, en México y en buena parte del mundo, la frase que cierra cualquier conversación incómoda sobre el trato de un hombre hacia su familia: el que no ayuda en casa, el que no llora, el que controla, el que grita, el que a veces golpea. Esta página no habla de “cómo son los hombres”: habla de cómo fue el hombre que el Islam pone como ejemplo para todos los hombres, el Profeta Muhammad ﷺ, y de lo que el Corán realmente dice sobre la responsabilidad masculina. Está escrita para que la lean hombres.
La qiwamah: responsabilidad, no dominio
الرِّجَالُ قَوَّامُونَ عَلَى النِّسَاءِ بِمَا فَضَّلَ اللَّهُ بَعْضَهُمْ عَلَىٰ بَعْضٍ وَبِمَا أَنفَقُوا مِنْ أَمْوَالِهِمْ«Los hombres son responsables de las mujeres por lo que Allah ha favorecido a unos respecto a otros y por lo que gastan de sus bienes».
Corán 4:34
Esta aleya se usa con frecuencia para justificar el control: “el hombre manda”. Pero qiwamah —la palabra que se traduce como “responsables”— viene de la misma raíz que “sostener, mantener en pie, encargarse de”. Describe a quien carga con una obligación, no a quien posee a otra persona. La aleya lo aclara con su propia justificación: la responsabilidad se asigna “por lo que gastan de sus bienes”, es decir, va ligada al deber del sustento, no a un mérito superior de la persona. Un hombre que exige obediencia sin cumplir su parte del sustento y del cuidado ha invertido el sentido mismo de la aleya que cita para justificarse.
El hombre que servía en su propia casa
Le preguntaron a ʿAishah qué hacía el Profeta ﷺ en su casa. Respondió: «Estaba al servicio de su familia»: cosía su ropa, remendaba sus sandalias, ordeñaba, y hacía lo que cualquiera de vosotros hace en su casa; y cuando llegaba la hora de la oración, salía a rezar.
Sahih al-Bujari 676
El hombre con más autoridad religiosa y política de toda Arabia —el mensajero final de Allah— cosía su propia ropa y ayudaba en las tareas domésticas de su casa. No hay ninguna tensión entre eso y su liderazgo: al contrario, es prueba de que el liderazgo verdadero no necesita, para sostenerse, que otros hagan lo que uno mismo se niega a hacer. El “yo no lavo trastes, eso es trabajo de mujer” no tiene ningún respaldo en la Sunnah; tiene respaldo solo en la cultura, y el Islam pide distinguir entre ambas.
El hombre que jugaba, bromeaba y reía
El Profeta ﷺ competía corriendo con ʿAishah, cargaba a sus nietos al hombro incluso durante la oración, y jugaba con los niños de la comunidad con naturalidad y cariño. La imagen del padre serio, distante, que “no se rebaja” a jugar con sus hijos porque eso resta autoridad, no viene del ejemplo profético: viene de una idea cultural de masculinidad que el Islam no exige en absoluto. Jugar con los hijos, cargarlos, hacerlos reír, es Sunnah, no una concesión.
El hombre que lloró
Cuando murió su hijo Ibrahim, los ojos del Profeta ﷺ se llenaron de lágrimas. Le preguntaron: «¿Tú también, Mensajero de Allah?». Dijo: «El ojo llora y el corazón se entristece, pero no decimos sino lo que agrada a nuestro Señor. En verdad, Ibrahim, estamos apenados por tu partida».
Sahih al-Bujari 1303
Llorar no contradice la fe ni la hombría: contradice la fe el lamento que reniega del decreto de Allah (golpearse, rasgar ropas, gritar contra el destino), no las lágrimas del dolor genuino. Un hombre que esconde su tristeza, que nunca pide ayuda, que carga solo con la ansiedad o la depresión “porque los hombres no lloran”, se aleja del modelo profético, no se acerca a él. Buscar ayuda —de un amigo, del imam, de un profesional de salud mental— es fortaleza, no debilidad.
El hombre que consultaba a sus esposas
En Hudaybiyyah, cuando los compañeros dudaban en obedecer una orden difícil, el Profeta ﷺ consultó a su esposa Umm Salamah, y siguió su consejo, que resolvió la situación.
Sahih al-Bujari 2731
El hombre que nunca pregunta la opinión de su esposa, que decide todo solo “porque es el hombre de la casa”, contradice un ejemplo profético explícito: el Profeta ﷺ, en un momento de tensión política grave con toda su comunidad pendiente, buscó y siguió el consejo de una mujer, su esposa. La qiwamah no excluye la consulta (shura): la exige.
El hombre que nunca golpeó
«El Mensajero de Allah ﷺ nunca golpeó nada con su mano, ni a una mujer ni a un sirviente, salvo cuando luchaba en la causa de Allah».
Sahih Muslim 2328
ʿAishah, quien vivió con él más años y más de cerca que nadie, es quien da este testimonio. Ningún hombre que golpea a su esposa, a sus hijos, o a cualquier persona bajo su responsabilidad, puede citar el ejemplo del Profeta ﷺ para justificarse: hace exactamente lo contrario de lo que él hizo. Esto no es una opinión moderna adaptada a los tiempos: es un hadiz de máxima autenticidad, dicho por quien mejor lo conoció.
Los celos: legítimos y enfermizos
El Islam reconoce el ghayrah, el celo que protege el honor y la intimidad de la familia, como parte de un carácter recto. Pero hay una diferencia enorme entre proteger y controlar:
| Celo legítimo (ghayrah) | Celo enfermizo |
|---|---|
| Cuidar la privacidad de la familia | Revisar el teléfono de la esposa sin su consentimiento |
| Preocuparse por su seguridad | Prohibirle ver a su familia o amigas |
| Proteger su honor ante terceros | Humillarla en público o en privado por sospechas sin fundamento |
| Hablar y acordar límites juntos | Imponer reglas unilaterales y vigilarla |
El primero cuida; el segundo controla y humilla. Un hombre que confunde ambos, y usa la palabra “celos” para justificar el control, no está protegiendo a su familia: está dañándola.
“Así son los hombres”: la excusa que el Islam no acepta
Ninguna frase cultural —“así son los hombres”, “de eso no se habla”, “aguántate”— tiene peso frente a un hadiz auténtico o una aleya clara. El Islam no valida el machismo con el argumento de la cultura o la biología: presenta un modelo concreto, el del Profeta ﷺ, y pide que los hombres se midan contra ese modelo, no contra el promedio de lo que hacen otros hombres a su alrededor.
La fuerza real: el dominio de sí mismo
«El fuerte no es el que vence en la lucha, sino el que se domina a sí mismo cuando se enoja».
Sahih al-Bujari 6114
Esta es, quizás, la definición más completa de masculinidad que ofrece la Sunnah: la fuerza no se mide en músculo ni en autoridad sobre otros, sino en la capacidad de controlarse en el momento de más ira. Un hombre que grita, amenaza o golpea cuando se enoja no está mostrando fuerza: está mostrando exactamente lo contrario, según esta definición profética.
La hermandad masculina
El Islam construye un espacio propio de fraternidad entre hombres —la oración congregacional, el círculo de conocimiento, la mezquita misma— que no depende de la dureza ni de la competencia para sostenerse. Los compañeros del Profeta ﷺ se abrazaban al encontrarse, lloraban juntos escuchando el Corán, y se corregían entre ellos con cariño cuando alguno se equivocaba, sin que eso se viera como falta de hombría. La masculinidad islámica no es solitaria: se sostiene en comunidad, con otros hombres que también buscan seguir el mismo ejemplo, y que pueden sostenerse mutuamente en los momentos difíciles —una crisis económica, un divorcio, la pérdida de un padre— sin que “aguantarse solo” sea la única opción válida.
El padre presente
Frente al padre ausente o al padre solo proveedor que nunca está en casa, el Islam propone el modelo del padre presente: el que juega con sus hijos, el que reza con ellos, el que pregunta cómo les fue en la escuela y de verdad escucha la respuesta, el que pide perdón cuando se equivoca frente a ellos. Ser el sostén económico del hogar (parte real de la qiwamah) no exime de esta presencia; el Profeta ﷺ, siendo el líder de toda una comunidad en expansión, siempre encontró tiempo para cargar a sus nietos, contarles historias y estar disponible. Un padre que confunde “proveer” con “estar” ha cumplido solo la mitad de su responsabilidad.
Qué enseñar a los hijos varones
- Que servir en casa es Sunnah, no vergüenza.
- Que llorar y pedir ayuda es válido y necesario.
- Que la responsabilidad (qiwamah) se ejerce con ternura, sirviendo, no con miedo ni control.
- Que la consulta con su futura esposa no le resta autoridad: la Sunnah del Profeta ﷺ la incluye.
- Que la verdadera fuerza está en dominarse a sí mismo, no en imponerse sobre otros.
- Que ningún hadiz ni aleya justifica jamás golpear a una mujer, a un hijo, o a nadie.
En resumen
- La qiwamah (4:34) es responsabilidad ligada al sustento, no dominio sobre la persona.
- El Profeta ﷺ servía en su casa (Bujari 676), jugaba con los niños, lloró abiertamente (Bujari 1303) y consultaba a sus esposas (Bujari 2731).
- Nunca golpeó a nadie (Muslim 2328): ningún hombre puede citar su ejemplo para justificar la violencia.
- Hay una diferencia clara entre el celo legítimo que protege y el celo enfermizo que controla y humilla.
- La verdadera fuerza es dominarse a sí mismo (Bujari 6114), no imponerse sobre la familia.
Esta página está pensada para que los hombres de la comunidad la lean y la conversen entre ellos. En la mezquita de Guadalajara hay espacio para esa conversación. Escríbenos o acércate a nuestras actividades.



