Cada noche, en algún lugar del mundo musulmán, alguien sale a mirar el cielo hacia el oeste, justo después de la puesta de sol, buscando la primera hoz delgadísima de la luna nueva: si la ve, empieza o termina un mes. Cada día, en Guadalajara y en cualquier ciudad del planeta, una aplicación o una tabla calcula, con la posición exacta del sol, la hora de las cinco oraciones. El Islam es una religión que necesita mirar el cielo con precisión, y esa necesidad, sostenida durante siglos, dio a la humanidad buena parte de la astronomía que hoy se enseña en cualquier escuela. Esta página cuenta esa historia: por qué el Islam mira hacia arriba, qué instrumentos y tablas construyó, y qué nombres —muchos de ellos árabes— llevan hoy las estrellas que ves en una noche despejada.
Por qué el Islam necesita el cielo
El vínculo entre el Islam y la observación del cielo no es una curiosidad histórica: nace de necesidades religiosas concretas y diarias.
Las horas de oración se marcan por la posición del sol, no por un reloj arbitrario: el alba (Fajr), el paso del sol por el cenit (Dhuhr), la sombra de media tarde (ʿAsr), la puesta de sol (Maghrib) y el fin del último resplandor del crepúsculo (ʿIsha). Calcular esos cinco momentos con precisión, para cualquier lugar de la Tierra y en cualquier época del año, exige entender el movimiento aparente del sol: es astronomía aplicada, cinco veces al día.
La dirección de la oración (qiblah) hacia La Meca exige geometría esférica: no basta con trazar una línea recta en un mapa plano, porque la Tierra es una esfera y la ruta más corta entre dos puntos sigue un círculo máximo. Calcular ese ángulo desde cualquier ciudad del mundo —incluida Guadalajara— fue uno de los grandes desafíos que empujó a los matemáticos musulmanes a perfeccionar la trigonometría.
El calendario islámico es lunar, y sus meses dependen de avistar la luna nueva:
«Ayunad al verla, y romped el ayuno al verla; y si el cielo está nublado ante vosotros, completad treinta días».
Sahih Muslim 1080
Esta instrucción sobre Ramadán obligó, desde el principio, a la comunidad a prestar atención cuidadosa a las fases de la luna, y con el tiempo dio pie a un desarrollo matemático que permitía predecir con exactitud cuándo sería visible el primer creciente en cualquier lugar del mundo.
وَهُوَ الَّذِي خَلَقَ اللَّيْلَ وَالنَّهَارَ وَالشَّمْسَ وَالْقَمَرَ كُلٌّ فِي فَلَكٍ يَسْبَحُونَ«Él es Quien creó la noche y el día, el sol y la luna: cada uno navega en una órbita».
Corán 21:33
الشَّمْسُ وَالْقَمَرُ بِحُسْبَانٍ«El sol y la luna siguen un cálculo preciso».
Corán 55:5
El Corán describe el movimiento del sol y de la luna con palabras que invitan a observar y calcular —«órbita», «cálculo preciso»— más que a describirlos con detalle técnico: es guía para creer y para mirar, no un tratado de física. Los sabios musulmanes tomaron esa invitación en serio y construyeron, con los medios de su época, una de las tradiciones astronómicas más sofisticadas de la historia.
Los observatorios: Bagdad, Maragha y Samarcanda
La astronomía islámica no se hizo solo con la vista y el papel: se construyeron observatorios dedicados, con personal permanente e instrumentos de precisión, siglos antes de que existiera nada parecido en Europa.
- La Casa de la Sabiduría de Bagdad (siglo IX), bajo los califas abasíes, reunió a astrónomos que tradujeron, corrigieron y ampliaron los textos griegos e indios de astronomía, y produjeron nuevas tablas propias.
- El observatorio de Maragha (actual Irán, siglo XIII), dirigido por Nasir al-Din al-Tusi, desarrolló modelos matemáticos del movimiento planetario que, siglos después, influyeron en el trabajo de Copérnico en Europa.
- El observatorio de Samarcanda (actual Uzbekistán, siglo XV), construido por el príncipe astrónomo Ulugh Beg, produjo un catálogo de más de mil estrellas con una precisión notable para la época, calculada con un enorme sextante de piedra parcialmente enterrado en el suelo para dar máxima estabilidad.
Los nombres árabes de las estrellas
Buena parte de las estrellas más brillantes del cielo nocturno todavía llevan hoy, en cualquier idioma, un nombre que viene directamente del árabe, heredado de los catálogos astronómicos islámicos que Europa tradujo durante siglos:
| Nombre actual | Origen árabe | Significado aproximado |
|---|---|---|
| Aldebarán | al-Dabaran | “el que sigue” (a las Pléyades) |
| Altair | an-Nasr at-Tair | “el águila voladora” |
| Vega | al-Waqiʿ | “el que cae” (águila que cae) |
| Rigel | Rijl al-Yawza | “el pie de la gigante” |
| Betelgeuse | Yad al-Yawza | “la mano de la gigante” |
| Deneb | Dhanab ad-Dayajah | “la cola de la gallina” |
| Fomalhaut | Fam al-Hut | “la boca del pez” |
| Algol | Raʾs al-Ghul | “la cabeza del demonio” |
A esto se suma un vocabulario técnico completo que la astronomía moderna sigue usando en español y otros idiomas: cenit (del árabe samt ar-raʾs, “dirección de la cabeza”), nadir (nazir as-samt, “opuesto al cenit”), acimut (as-sumut, “los caminos” o direcciones) y almanaque (probablemente de al-manakh, aunque su etimología exacta se discute entre los especialistas). Cuando un noticiero mexicano anuncia el “acimut” de un eclipse o la posición “en el cenit” de un planeta, está usando, sin saberlo, vocabulario astronómico árabe.
Las tablas (zij) y la trigonometría
El instrumento de trabajo diario del astrónomo musulmán era el zij: una tabla astronómica que reunía, en forma de números organizados, la posición predicha de los astros, útil para calcular horarios de oración, direcciones de qiblah y fechas del calendario en cualquier lugar. Producir un buen zij exigía trigonometría avanzada, y fue precisamente el desarrollo de las funciones seno, coseno y tangente —heredadas en parte de la India y perfeccionadas por matemáticos como Al-Battani y Al-Biruni— lo que permitió calcular ángulos y distancias sobre la superficie curva de la Tierra con una precisión antes imposible. Esa misma trigonometría esférica es la que, siglos después, hizo posible la navegación oceánica de altura que llevaría a los barcos europeos a cruzar el Atlántico. Se cuenta más sobre este instrumento en el astrolabio y los relojes.
Las fases de la luna y las estaciones en el Corán
وَالْقَمَرَ قَدَّرْنَاهُ مَنَازِلَ حَتَّىٰ عَادَ كَالْعُرْجُونِ الْقَدِيمِ«Y a la luna le fijamos fases, hasta que vuelve a ser como la vieja rama seca de la palmera».
Corán 36:39
Esta aleya describe con una imagen muy concreta —la rama seca y curvada de una palmera— la forma delgada y curva que tiene la luna en sus últimas fases antes de la luna nueva, una observación que cualquier persona en el desierto de Arabia del siglo VII podía comprobar con sus propios ojos mirando al cielo, sin telescopio. El mismo pasaje explica que el sol y la luna siguen “cada uno una órbita” sin alcanzarse ni adelantarse el uno al otro (36:40), describiendo un orden regular y predecible del cosmos, no un caos gobernado por caprichos divinos imprevisibles, algo que resonaba con fuerza en una época donde muchas culturas vecinas sí explicaban el cielo como campo de batalla entre dioses.
La oración del eclipse
Cuando ocurre un eclipse, el Islam no lo trata como una señal de mal agüero ni como un fenómeno mágico, sino como una ocasión de recordar el poder de Allah sobre la creación, con una oración especial:
El sol se eclipsó en vida del Profeta ﷺ, y él salió a la mezquita, se puso de pie y dirigió una oración larga, más larga que cualquiera de las obligatorias, y después explicó a la gente: «El sol y la luna son dos signos de Allah; no se eclipsan por la muerte ni por el nacimiento de nadie. Cuando los veáis, invocad a Allah, engrandecedlo, orad y dad limosna».
Sahih al-Bujari 1041 (en su sentido)
Este episodio es notable: en la época del Profeta ﷺ, muchas culturas leían los eclipses como presagios ligados a la vida de los gobernantes, y él corrigió esa idea de forma explícita y directa, ligando el fenómeno a la grandeza de Allah y no a la superstición. Hoy, en Guadalajara, cuando ocurre un eclipse visible, la comunidad se reúne para rezar esta misma oración.
Astrología prohibida, astronomía Sunnah
Vale la pena distinguir con claridad dos cosas que a veces se confunden: la astronomía, ciencia que observa y calcula el movimiento real de los astros, y la astrología, la creencia de que la posición de las estrellas determina el destino, el carácter o la suerte de las personas.
«Quien adquiere una rama del conocimiento de las estrellas adquiere una rama de la magia; cuanto más aprende de ella, más adquiere».
Sunan Abu Dawud 3905
El horóscopo, la carta astral y cualquier práctica que atribuya a los astros un poder sobre el destino de una persona quedan fuera del Islam, porque solo Allah conoce y determina el futuro. La astronomía, en cambio —medir, calcular, predecir posiciones a partir de leyes físicas observables—, no solo está permitida: fue, durante siglos, una de las ciencias más cultivadas por sabios musulmanes profundamente religiosos, que veían en el estudio preciso del cielo una forma de asombro ante la creación de Allah, no una amenaza a su fe.
La astronomía aplicada en Guadalajara
Cada horario de oración que publica la mezquita de Guadalajara es, en el fondo, un cálculo astronómico: la posición del sol para la latitud y longitud exactas de la ciudad, ajustada día a día durante todo el año. Cada Ramadán, la comunidad sigue con atención el criterio de avistamiento de la luna nueva para fijar el inicio y el fin del mes de ayuno, un ejercicio que conecta directamente con la misma pregunta que ocupó a los astrónomos de Bagdad hace más de mil años: ¿cuándo, exactamente, aparecerá esa primera luz delgada en el cielo del oeste?
En resumen
- Las cinco oraciones, la dirección de la qiblah y el calendario islámico dependen de observar y calcular el sol y la luna con precisión (21:33; 55:5; Muslim 1080).
- Los observatorios de Bagdad, Maragha y Samarcanda produjeron tablas y catálogos estelares de gran precisión siglos antes que Europa.
- Estrellas como Aldebarán, Altair, Vega, Rigel, Betelgeuse, Deneb, Fomalhaut y Algol conservan hoy sus nombres árabes originales.
- Palabras como cenit, nadir, acimut y almanaque son herencia directa del vocabulario astronómico árabe.
- El Islam distingue con claridad la astronomía (permitida y cultivada) de la astrología (prohibida, Abu Dawud 3905).
- La oración del eclipse (Bujari 1041) muestra cómo el Islam despojó a los fenómenos celestes de superstición sin dejar de asombrarse ante ellos.
¿Quieres saber cómo se calculan los horarios de oración de tu ciudad o cuándo se espera la próxima luna nueva de Ramadán? En la mezquita de Guadalajara te lo explicamos con gusto. Consulta los horarios de oración.


