La única peregrinación completa
En el año 10 de la Hégira, el Profeta ﷺ emprendió desde Medina el viaje hacia La Meca para realizar el Hajj, la peregrinación mayor, algo que solo haría una vez en toda su vida tras la revelación. Le acompañaron decenas de miles de musulmanes llegados de toda Arabia, deseosos de aprender de él, en persona, cómo debía realizarse este pilar del Islam. Por esa razón, aquella peregrinación quedó conocida entre los musulmanes como el “Hajj de la Despedida”, pues muchos de los presentes intuían, por su tono y sus palabras, que se trataba del último gran encuentro del Profeta ﷺ con su comunidad reunida.
Fue en los llanos de Arafat, en el noveno día de aquel Hajj, donde el Profeta ﷺ se dirigió a la multitud congregada con un discurso que, aunque breve, condensó los principios más esenciales de todo lo que había enseñado durante más de veinte años de misión.
Igualdad entre los seres humanos
Uno de los mensajes centrales de aquel sermón fue la afirmación radical de la igualdad esencial entre todos los seres humanos, sin distinción de linaje, tribu o color de piel, en una Arabia todavía profundamente marcada por el orgullo tribal y racial. Se le atribuye la declaración de que ningún árabe tiene superioridad sobre quien no lo es, ni el no árabe sobre el árabe, y que tampoco hay superioridad de una persona de piel clara sobre una de piel oscura ni al contrario, salvo por la piedad y las buenas obras. El Corán había ya establecido este principio años antes:
"Ciertamente, os creamos de un hombre y una mujer, y os hicimos pueblos y tribus para que os conozcáis. En verdad, el más honorable de vosotros ante Allah es el más piadoso." (Corán 49:13)
Los derechos de las mujeres y el fin de las injusticias tribales
El Profeta ﷺ dedicó también una parte considerable del sermón a los derechos de las mujeres, recordando a los hombres presentes que tenían obligaciones hacia sus esposas —trato amable, sustento, respeto— del mismo modo que ellas tenían obligaciones hacia ellos, en un tiempo en que la posición de la mujer en buena parte de la sociedad árabe era muy precaria.
Junto a ello, declaró abolidas de forma definitiva dos de las prácticas que más dividían y empobrecían a la sociedad árabe: la usura, que había hundido a familias enteras en deudas impagables, y la venganza de sangre entre tribus, que perpetuaba ciclos de violencia durante generaciones por agravios antiguos. Ambas quedaban canceladas desde ese día, sin excepciones ni privilegios para ningún clan, incluido el suyo propio.
El cuidado de los débiles y el legado que deja
El sermón incluyó además un recordatorio explícito sobre el trato justo hacia quienes se encontraban en posición de vulnerabilidad, insistiendo en la responsabilidad de la comunidad hacia los más débiles y desprotegidos. Y cerca del final, el Profeta ﷺ dejó una instrucción que resonaría durante toda la historia posterior del Islam: que dejaba tras de sí dos cosas a las que la comunidad debía aferrarse para no desviarse jamás: el Libro de Allah, el Corán, y su propio ejemplo de vida.
Se dice que, tras exponer estos principios, preguntó repetidamente a la multitud si había transmitido fielmente el mensaje que se le había encomendado, y que la multitud respondió a coro que sí, dando testimonio de ello ante Allah. Poco después de aquel Hajj descendería una revelación que muchos compañeros entendieron como el anuncio de que la misión estaba ya completa (Corán 5:3), y que el tiempo del Profeta ﷺ entre ellos se acercaba a su fin.