Un complot para acabar con el mensaje
Con el Segundo Juramento de Aqaba sellado, decenas de musulmanes de La Meca comenzaron a emigrar discretamente a Yatrib. Los líderes de Quraysh, al ver que el Islam encontraría en esa ciudad un lugar seguro para crecer, decidieron actuar de forma definitiva contra el Profeta ﷺ. En una reunión, acordaron un plan particularmente cruel: que un joven de cada uno de los principales clanes asestara un golpe a la vez, de modo que la responsabilidad de su muerte quedara repartida entre todas las tribus y ningún clan en particular pudiera ser señalado para pedir venganza.
Allah informó al Profeta ﷺ de este complot a tiempo. Aquella noche, dejó a su primo Ali ibn Abi Talib en su lugar, cubierto con su manto, para devolver a sus dueños los bienes que le habían sido confiados en custodia, mientras él salía de la casa sin ser visto por los conspiradores que vigilaban la puerta.
La cueva de Zaur
El Profeta ﷺ se dirigió a la casa de Abu Bakr, quien había estado preparando provisiones para este momento desde hacía tiempo, y juntos salieron hacia el sur, en dirección contraria a Medina, para desorientar a sus perseguidores. Se refugiaron en la cueva del monte Zaur, donde permanecieron ocultos durante tres días mientras los hombres de Quraysh rastreaban los caminos en su búsqueda.
Cuenta la tradición que en un momento los perseguidores llegaron hasta la entrada misma de la cueva, y que Abu Bakr, temiendo por la vida del Profeta ﷺ, sintió una angustia profunda. El Corán recoge la serenidad que Allah infundió en esos instantes:
"...cuando los dos estaban en la cueva, y él dijo a su compañero: 'No te angusties, Allah está con nosotros'. Entonces Allah hizo descender Su sosiego sobre él..." (Corán 9:40, paráfrasis)
Pasado el peligro inmediato, ambos emprendieron el largo viaje hacia Medina, guiados por un experto conocedor de las rutas del desierto, evitando los caminos principales para no ser alcanzados.
La llegada a Medina
Tras varios días de viaje, el Profeta ﷺ llegó primero a Quba, en las afueras de Medina, donde permaneció unos días y estableció una pequeña mezquita, la primera construida en la historia del Islam. Cuando finalmente entró en la ciudad, los habitantes de Medina, que habían estado esperando su llegada con enorme expectación, salieron a recibirlo cantando versos de bienvenida que se recuerdan hasta hoy.
La alegría fue tan genuina que familias enteras se disputaban el honor de alojar al Profeta ﷺ en sus casas. Él, con su característica humildad, decidió dejar que su camella se detuviera libremente y se alojó en el lugar donde el animal decidió parar, evitando así cualquier favoritismo entre los clanes que competían por recibirlo.
Un nuevo comienzo
La llegada a Medina en el año 622 d.C. marcó un cambio radical: de una comunidad perseguida y dispersa, el Islam pasaba a contar con una ciudad entera dispuesta a acogerlo y protegerlo. Tan decisivo fue este momento que los primeros musulmanes adoptaron ese año como el punto de partida del calendario islámico, el calendario hégira.
El siguiente capítulo narra cómo, ya instalado en su nuevo hogar, el Profeta ﷺ comenzó a construir los cimientos de la primera comunidad musulmana organizada, con una mezquita, una hermandad entre emigrantes y locales, y un pacto de convivencia sin precedentes.