Construir un centro para la comunidad
Apenas instalado en Medina, una de las primeras prioridades del Profeta ﷺ fue construir un espacio que sirviera de centro espiritual y social para la naciente comunidad. Así se levantó la mezquita del Profeta ﷺ, un edificio sencillo de paredes de adobe y techo de hojas de palma, construido con el esfuerzo colectivo de musulmanes emigrantes y locales, incluido el propio Profeta ﷺ, que participó personalmente cargando ladrillos junto a sus compañeros.
Esta mezquita no era solamente un lugar de oración: funcionaba también como espacio de enseñanza, de resolución de disputas, de recepción de visitantes y, más adelante, como punto de partida para las decisiones importantes de la comunidad. Junto a ella se construyeron habitaciones sencillas donde vivía la familia del Profeta ﷺ.
La hermandad entre muhajirin y ansar
Los musulmanes que habían emigrado desde La Meca, los muhajirin, llegaban a Medina habiendo dejado atrás sus casas, sus negocios y buena parte de sus posesiones. Consciente de esta situación, el Profeta ﷺ estableció un pacto de hermandad formal entre cada emigrante y una familia de los ansar, los musulmanes locales de Medina.
Este vínculo no era simbólico: los ansar compartieron generosamente sus tierras, sus casas y su sustento con los recién llegados, en un gesto de generosidad que el Corán elogia como ejemplo de desprendimiento genuino. Muchos emigrantes, con el tiempo, lograron establecer sus propios negocios y volver a valerse por sí mismos, pero el espíritu de esa hermandad inicial quedó como uno de los rasgos más admirados de la primera comunidad musulmana.
La Constitución de Medina
Medina no era una ciudad homogénea: además de las tribus árabes que habían aceptado el Islam, convivían allí varias tribus judías con una larga historia en la región, así como árabes que aún no se habían convertido. Para ordenar la convivencia entre todos estos grupos, el Profeta ﷺ promovió un acuerdo escrito conocido hoy como la Constitución de Medina.
Este documento estableció que todos los grupos firmantes formaban, en la práctica, una sola comunidad política con derechos y obligaciones compartidas: se comprometían a defenderse mutuamente ante cualquier agresión externa, a resolver sus disputas de forma pacífica y a respetar la libertad religiosa de cada comunidad, incluidas las tribus judías, que conservaron su propia ley y sus propias prácticas. Fue un marco de convivencia notablemente avanzado para su época, que reconocía la pluralidad de la ciudad bajo un mismo pacto de justicia y seguridad mutua.
El llamado a la oración
Fue también en estos primeros años en Medina cuando se instituyó el adhan, el llamado a la oración. Antes de su establecimiento, la comunidad se reunía para las oraciones sin una señal clara que avisara la hora. Tras considerar varias opciones, el Profeta ﷺ adoptó la voz humana como el medio más digno para llamar a los creyentes, y fue Bilal ibn Rabah, el mismo compañero que había resistido la tortura en La Meca años antes, quien tuvo el honor de convertirse en el primer almuecín del Islam, llamando a la oración desde lo alto de la mezquita.
Una comunidad puesta a prueba
Con la mezquita construida, la hermandad establecida y el pacto de convivencia firmado, la comunidad musulmana de Medina comenzaba a tomar forma como una entidad organizada y estable. Pero esta estabilidad pronto sería puesta a prueba: el siguiente capítulo narra cómo Quraysh, decidida a acabar con la naciente comunidad, marchó contra ella en la Batalla de Badr, el primer gran enfrentamiento armado del Islam.