Un viaje en medio de la tristeza
Tras el dolor del Año de la Tristeza y en medio de la hostilidad persistente de Quraysh, Allah concedió al Profeta ﷺ uno de los signos más extraordinarios de toda su misión: el Isra, el Viaje Nocturno. En una sola noche, el Profeta ﷺ fue transportado desde La Meca hasta la Mezquita Lejana en Jerusalén (al-Masyid al-Aqsa), como lo confirma el Corán:
"¡Glorificado sea Quien hizo viajar a Su siervo de noche desde la Mezquita Sagrada hasta la Mezquita Lejana, cuyos alrededores hemos bendecido, para mostrarle algunos de Nuestros signos!" (Corán 17:1)
En Jerusalén, según narra la tradición, el Profeta ﷺ dirigió en oración a los profetas anteriores, reafirmando la continuidad de su misión con la de todos los mensajeros que Allah había enviado antes de él.
La Ascensión a los cielos
Desde Jerusalén tuvo lugar el Mi’raj, la Ascensión. El Profeta ﷺ fue elevado a través de los cielos, encontrándose en el camino con varios de los profetas anteriores, hasta llegar a un punto de cercanía con Allah que ningún ser humano había alcanzado antes. Fue en este viaje donde se le prescribieron las cinco oraciones diarias, el pilar de adoración que estructuraría desde entonces la vida cotidiana de todos los musulmanes. El Corán alude a esta visión extraordinaria en los siguientes versículos:
"Ciertamente lo vio en otra ocasión, junto al Loto del Límite... Su vista no se desvió ni se excedió. Realmente vio algunos de los signos más grandes de su Señor." (Corán 53:13-18, paráfrasis)
Al regresar y relatar lo ocurrido, muchos en La Meca se burlaron y lo tomaron como pretexto para redoblar su rechazo. Pero Abu Bakr, al escuchar el relato, lo creyó sin vacilar, ganándose desde entonces el título de “As-Siddiq”, el veraz.
Buscando un nuevo horizonte
Mientras la hostilidad en La Meca no cedía, el Profeta ﷺ aprovechaba cada temporada de peregrinación para hablar con los visitantes que llegaban de otras regiones de Arabia, invitándolos al Islam. Fue así como entró en contacto con un grupo de habitantes de Yatrib, una ciudad agrícola al norte conocida más tarde como Medina, cuya población incluía tanto tribus árabes como comunidades judías, y que atravesaba tensiones internas que un liderazgo externo y confiable podría ayudar a resolver.
El primer y el segundo Juramento de Aqaba
En un primer encuentro, un pequeño grupo de hombres de Yatrib aceptó el Islam y se comprometió, en lo que se conoce como el Primer Juramento de Aqaba, a evitar ciertos pecados graves y a vivir conforme a la ética islámica. Regresaron a su ciudad como los primeros portadores del mensaje, y el Islam comenzó a difundirse allí de forma notable.
Un año después, un grupo mucho más numeroso de habitantes de Yatrib viajó de nuevo a La Meca durante la peregrinación y se reunió en secreto con el Profeta ﷺ en el mismo lugar. En este Segundo Juramento de Aqaba, se comprometieron no solo a seguir el Islam, sino a proteger al Profeta ﷺ como si fuera uno de los suyos, e incluso a defenderlo con las armas si fuera necesario. Este pacto significó, en la práctica, una invitación formal a que el Profeta ﷺ y sus seguidores se establecieran en Yatrib.
El camino hacia la Hégira queda abierto
Con este compromiso sellado, se abrió por fin un horizonte real fuera de La Meca para la comunidad musulmana perseguida. El siguiente capítulo narra cómo, ante un complot para asesinarlo, el Profeta ﷺ emprendió junto a Abu Bakr el viaje que cambiaría para siempre la historia del Islam: la Hégira a Medina.