Una comerciante respetada
Entre las mujeres más notables de La Meca en aquellos años se encontraba Jadiya bint Khuwaylid, también transcrita como Khadiya, viuda de una familia acomodada de Quraysh que había heredado y hecho crecer un negocio de caravanas comerciales. En una sociedad donde el comercio era la principal fuente de riqueza y prestigio, Jadiya destacaba por su inteligencia para los negocios, su independencia económica y la reputación intachable de su carácter. Los biógrafos tradicionales la describen como una mujer mayor que Muhammad ﷺ, ya viuda en más de una ocasión, y profundamente respetada en toda la ciudad.
Contratado por su reputación
La fama de Muhammad ﷺ como Al-Amin, “el confiable”, había llegado ya a oídos de Jadiya. Ella necesitaba a alguien de absoluta confianza para dirigir una de sus caravanas comerciales hacia Siria, y decidió contratarlo, ofreciéndole además una compensación mayor que la que solía dar a otros comerciantes, precisamente por la confianza que su reputación le inspiraba. Acompañado por un sirviente de Jadiya llamado Maysara, Muhammad ﷺ emprendió el viaje y regresó habiendo obtenido ganancias notablemente superiores a las habituales, además de haber tratado con honestidad e integridad en cada negociación durante el trayecto.
Maysara, de vuelta en La Meca, relató a Jadiya no solo el éxito comercial del viaje, sino también los detalles del comportamiento noble y sereno de Muhammad ﷺ durante el camino. Estos relatos, sumados a lo que ella misma ya sabía de su carácter, dejaron en Jadiya una impresión profunda.
Una propuesta poco común
Impresionada por lo que había visto y escuchado, Jadiya tomó una decisión poco convencional para las costumbres de su tiempo: en lugar de esperar una propuesta, decidió hacer llegar a Muhammad ﷺ, a través de una intermediaria, su interés en casarse con él. Muhammad ﷺ, que en ese momento tenía alrededor de veinticinco años, aceptó, y consultó el asunto con sus tíos, quienes se encargaron de formalizar el compromiso con la familia de Jadiya.
El matrimonio se celebró y, aunque las fuentes varían sobre la edad exacta de Jadiya en ese momento, todas coinciden en que ella era considerablemente mayor que él. Esta diferencia no fue obstáculo para lo que resultaría ser una de las uniones más sólidas y entrañables de la vida del Profeta ﷺ: un matrimonio construido sobre el respeto mutuo, la confianza y un afecto profundo que ambos mantuvieron durante los veinticinco años que estuvieron casados.
Una unión de apoyo mutuo
Jadiya aportó a este matrimonio no solo su posición social y su fortuna, sino un carácter firme y una lealtad inquebrantable. Tuvieron varios hijos juntos, entre ellos su hija Fátima, que jugaría después un papel importante en la historia temprana de la comunidad musulmana. Durante los años en que Muhammad ﷺ se dedicó cada vez más a la reflexión y al retiro espiritual, alejándose periódicamente de los negocios y de la vida social de La Meca, fue Jadiya quien sostuvo el hogar y respetó ese silencio y esa búsqueda interior de su esposo, sin exigirle explicaciones.
La primera en creer
Esa confianza mutua, construida durante años de vida compartida, sería puesta a prueba y confirmada de la manera más decisiva cuando, ya avanzada esta etapa de su matrimonio, Muhammad ﷺ regresó una noche transformado por un encuentro que no sabía todavía cómo nombrar. Jadiya no dudó ni un instante: creyó en él antes que ninguna otra persona en el mundo, convirtiéndose así en la primera musulmana de la historia.
Lo que viene
Aquel encuentro decisivo tendría lugar en una cueva de las montañas cercanas a La Meca, un lugar donde Muhammad ﷺ solía retirarse a meditar y que cambiaría el curso de la historia humana.