De todas las relaciones familiares que trae el matrimonio, pocas generan tanta tensión, tantas historias compartidas entre hermanas y tanta culpa silenciosa como la de la suegra y la nuera. Esta página no pretende que todas las suegras sean difíciles ni que todas las nueras tengan la razón: reconoce, con el Corán como base, que ambas mujeres tienen derechos, y que un esposo presente y justo hace la diferencia entre un hogar en paz y uno en guerra fría permanente.
Los derechos de cada una
La suegra tiene, como madre del esposo, el derecho a la bondad y el honor que el Corán ordena hacia los padres:
وَقَضَىٰ رَبُّكَ أَلَّا تَعْبُدُوا إِلَّا إِيَّاهُ وَبِالْوَالِدَيْنِ إِحْسَانًا«Tu Señor ha decretado que no adoréis sino a Él y que tratéis bien a los padres».
Corán 17:23
Esta orden recae principalmente sobre el hijo, pero también describe el tipo de trato —respetuoso, generoso, sin desprecio— que la nuera puede razonablemente ofrecer a la madre de su esposo, sin que eso signifique subordinación ni pérdida de su propia autoridad en su hogar.
La nuera, por su parte, tiene derecho a un hogar propio y a la intimidad de su matrimonio, protegido por el mismo principio que hace del matrimonio un lugar de sosiego:
«Y entre Sus signos está haberos creado esposas de vuestra misma naturaleza, para que encontréis en ellas sosiego, y puso entre vosotros amor y misericordia».
Corán 30:21
Un hogar de sosiego (sakan) requiere ciertos límites de espacio y de intimidad que ninguna otra relación familiar, por importante que sea, debería invadir de forma constante.
Vivir juntas o separadas
No existe una regla islámica que obligue a la nueva pareja a vivir con la familia del esposo. Varias escuelas jurídicas reconocen el derecho de la esposa a una vivienda propia, separada de la familia extendida, como parte del sostén (nafaqah) que le corresponde según su condición social y económica. Esto no significa que vivir con los suegros esté prohibido —muchas familias, por razones económicas, culturales o de cuidado mutuo, lo eligen y les funciona bien—, sino que no es una imposición religiosa que la nuera deba aceptar sin haberlo conversado antes de casarse. Hablarlo con claridad desde el compromiso, no asumirlo, evita buena parte de los conflictos posteriores.
Cuándo interviene el esposo
Este es, quizás, el punto más determinante de toda la relación: un esposo que no pone límites con su madre cuando hace falta traslada todo el peso del conflicto a su esposa, que no tiene autoridad real sobre su suegra ni debería tener que ejercerla. El principio islámico que resuelve la mayoría de estos casos es directo:
«No hay obediencia [a nadie] en la desobediencia a Allah; la obediencia es solo en lo reconocido como bueno».
Sahih al-Bujari 7257
Honrar a la madre no significa obedecerla en algo que perjudique injustamente a la esposa, ni permitir que la trate con desprecio. El esposo que ama a ambas —como debería— pone límites con cariño hacia las dos: defiende a su esposa frente a un trato injusto sin dejar de tratar a su madre con el respeto que el Corán ordena. Callar ante el conflicto, esperando que “se resuelva solo”, casi nunca funciona; hablar con cada una por separado, con firmeza y ternura, suele ser lo que sí lo logra.
Las comparaciones
Es una de las quejas más repetidas entre nueras: la comparación constante con “cómo lo hacía yo” o “cómo era antes de casarse”. Algunas líneas que ayudan:
- Respuestas cortas y firmes, sin necesidad de justificar cada decisión: “gracias por la sugerencia, en mi casa lo hacemos así” cierra la conversación sin confrontación.
- No competir por el cariño del esposo a través de la comida, la limpieza o la crianza: son formas distintas de cuidar, no un concurso.
- Si las comparaciones son constantes o hirientes, corresponde al esposo hablarlo con su madre, no a la esposa cargar sola con resolverlo.
La nieta, el nieto y el punto de encuentro más fácil
Los hijos suelen ser, con el tiempo, el terreno donde suegra y nuera encuentran más fácilmente un cariño compartido: la abuela que cuenta historias, que malcría un poco, que ayuda en emergencias. Fomentar ese vínculo —sin que se vuelva una vía para que la suegra intervenga en decisiones de crianza que le corresponden a los padres— suele suavizar, con el tiempo, incluso las relaciones que empezaron tensas.
La suegra no musulmana o de otra cultura
Si tu suegra no es musulmana, o es de una cultura distinta a la tuya, la bondad que el Islam pide hacia los padres del esposo aplica igual, aunque se exprese distinto: explicar tus prácticas religiosas con paciencia, sin exigir que las entienda de inmediato, y sin dejar que la diferencia se convierta en distancia permanente. La página de la conversa y su familia profundiza en el trato con familia no musulmana, y casada con un musulmán de otra cultura en la diferencia cultural específica con la familia del esposo.
Ganarse el corazón sin perder el propio
Ganarse a una suegra difícil, cuando es posible, casi siempre pasa por gestos pequeños y sostenidos —una llamada, un platillo compartido, preguntar por su salud— más que por grandes esfuerzos puntuales. Pero ganarse su corazón no debería costarte el tuyo: mantener tu propia forma de criar a tus hijos, de administrar tu casa y de vivir tu matrimonio no es falta de respeto hacia ella, es sostener el hogar de sosiego que el Corán describe como derecho de la pareja (30:21).
Cuando la relación ya está muy dañada
No toda relación de suegra y nuera se arregla, y el Islam no exige fingir un cariño que no existe: pide cortesía básica, respeto y no dañar. Si el trato de tu suegra es constantemente irrespetuoso, pon límites claros de tiempo y espacio, pide a tu esposo que sea el puente en los temas difíciles, y si la tensión afecta seriamente tu matrimonio, buscar a un imam o un consejero familiar es un paso válido, no una derrota.
La duʿa por ella
Muchas hermanas encuentran, en la práctica, que suplicar sinceramente por su suegra —pidiendo a Allah que guíe su corazón, que le dé salud y bienestar, y que a ellas mismas les dé paciencia y sabiduría en el trato— suaviza su propio resentimiento incluso antes de que la relación externa cambie. No sustituye poner límites cuando hacen falta, pero acompaña bien ese trabajo.
En resumen
- Ambas, suegra y nuera, tienen derechos reconocidos por el Corán: honor para una (17:23), hogar de sosiego para la otra (30:21).
- Vivir con la familia del esposo no es obligación religiosa; se conversa antes de casarse.
- El esposo debe poner límites con cariño hacia ambas: no hay obediencia en la injusticia (Bujari 7257).
- Las comparaciones se responden con firmeza breve, sin necesidad de justificarte cada vez.
- Los nietos suelen ser el terreno más fácil de encuentro entre las dos.
- Si la relación está muy dañada, cortesía y límites claros bastan; no hace falta fingir cercanía.
Si quieres platicar tu situación familiar con otras hermanas o con un imam, escríbenos, conoce las actividades de la mezquita o los horarios de oración.



