El acoso en la calle y el transporte

يَغُضُّوا مِنْ أَبْصَارِهِمyaghuddu min absarihim

El acoso es pecado del que acosa, nunca de la mujer que lo sufre: lo dice el Corán, no la costumbre.

La mujer · Vida socialSegún el Corán y la Sunnah

Una parada de autobús vacía iluminada de noche, sin personas.
Una parada de autobús vacía iluminada de noche, sin personas.Foto: Serj Sakharovskiy / Unsplash

El acoso en la calle, el camión o el transporte colectivo es una experiencia casi universal para las mujeres en México, musulmanas o no: la mirada incómoda, el comentario no pedido, el roce en un vagón lleno, el que sigue de cerca varias cuadras. Esta página lo nombra desde el Islam, con una claridad que a veces se pierde en el silencio incómodo: el acoso es pecado de quien lo comete, siempre, y ninguna vestimenta, horario o actitud de la mujer cambia esa responsabilidad.

El deber es del hombre: bajar la mirada

El Corán no empieza esta conversación hablando de la vestimenta de la mujer. Empieza con una orden dirigida a los hombres:

قُل لِّلْمُؤْمِنِينَ يَغُضُّوا مِنْ أَبْصَارِهِمْ وَيَحْفَظُوا فُرُوجَهُمْ ۚ ذَٰلِكَ أَزْكَىٰ لَهُمْ

«Di a los creyentes que bajen la mirada y guarden su castidad; eso es más puro para ellos».

Corán 24:30

Solo después de esta orden, en la aleya siguiente, el Corán pide a las mujeres la misma disciplina de la mirada y la castidad, y añade indicaciones sobre su vestimenta (24:31). El orden de las aleyas no es casualidad: la responsabilidad primaria del comportamiento en la calle recae sobre quien mira, comenta o toca sin consentimiento —no sobre quien camina, viaja o simplemente existe en el espacio público.

El acoso es pecado del acosador, nunca de ella

Ninguna interpretación seria del Islam invierte esta responsabilidad. El hiyab, cuando el Corán lo menciona junto al tema del respeto público, tiene precisamente el propósito de ser reconocida y no ser molestada (33:59) —es decir, busca proteger de la molestia, no justificarla cuando ocurre. Que a una mujer la acosen con hiyab, sin él, en la mañana o en la noche, no cambia en absoluto quién cometió el pecado: siempre es quien acosó. Preguntas como “¿qué traía puesto?” o “¿por qué iba sola a esa hora?” no tienen ningún fundamento islámico: son formas de trasladar la culpa a la víctima que el propio Corán no respalda.

El hiyab como protección relativa, no como garantía

Es importante ser honesta aquí: el hiyab reduce, en algunos contextos, ciertos tipos de comentarios no deseados, pero no es una garantía contra el acoso ni una condición para merecer respeto. Muchas mujeres con hiyab son acosadas igual, y muchas sin él nunca lo son. Presentar el hiyab como “protección total” pone una carga injusta sobre la mujer que lo usa y es acosada de todas formas, como si hubiera “fallado” en protegerse. El respeto que se le debe a cualquier mujer no depende de su vestimenta: depende de que el hombre cumpla con lo que el Corán le ordena a él primero.

Cuidarse en grupo y el transporte exclusivo

Sin trasladar la responsabilidad a la mujer, es realista reconocer que hay estrategias prácticas que ayudan en el contexto actual de México:

  • Viajar acompañada cuando sea posible, sobre todo en horarios de poca gente.
  • El transporte exclusivo para mujeres, disponible en algunas rutas y líneas del transporte público en Guadalajara y otras ciudades, reduce ciertos riesgos en trayectos identificados como problemáticos.
  • Compartir ubicación en tiempo real con alguien de confianza durante trayectos largos o nocturnos.
  • Identificar zonas y horarios de mayor riesgo en tu ruta habitual, sin que eso signifique dejar de vivir tu vida con normalidad.

Estas medidas son herramientas prácticas de cuidado, no una responsabilidad moral que recaiga sobre la mujer si algo ocurre a pesar de tomarlas.

Denunciar: la ley de Jalisco y las apps

La Ley de Acceso de las Mujeres a una Vida Libre de Violencia del Estado de Jalisco tipifica y sanciona el acoso sexual y el hostigamiento, y varias dependencias municipales y estatales tienen líneas o aplicaciones para reportar incidentes en el transporte público en tiempo real. Denunciar, cuando te sientes en condiciones de hacerlo, no es exagerar: es un acto de justicia que además ayuda a que las autoridades registren patrones y actúen sobre acosadores reincidentes. Si en el momento no te sientes segura para denunciar, eso también es válido: nadie está obligada a hacerlo en el instante si su seguridad está en juego.

Qué decir, y qué no, a una hermana acosada

Si una hermana te cuenta que fue acosada, lo más importante que puedes decirle es simple: no fue tu culpa. Evita preguntas que suenen a interrogatorio sobre su ropa, su horario o su ruta —aunque sea con buena intención de “entender qué pasó”— porque replican, sin quererlo, la lógica de culpar a la víctima que el Islam no respalda. Pregúntale qué necesita: compañía, ayuda para procesarlo, apoyo para denunciar, o simplemente ser escuchada sin que nadie minimice lo que sintió.

El hombre musulmán como aliado

«Ayuda a tu hermano, sea opresor u oprimido». Le preguntaron: «Mensajero de Allah, lo ayudamos si es oprimido, ¿pero cómo lo ayudamos si es opresor?». Dijo: «Deteniéndolo de su opresión: esa es tu ayuda hacia él».

Sahih al-Bujari 2444

Este hadiz da un mandato claro a todo hombre musulmán: intervenir cuando sea seguro hacerlo si presencia acoso, acompañar a hermanas o familiares en trayectos riesgosos, y —quizás lo más importante y lo más incómodo— corregir a otros hombres, amigos o familiares, cuando normalizan el acoso con comentarios, piropos no deseados o silencio cómplice ante el comportamiento de otros. El silencio entre hombres, cuando saben que algo está mal y no dicen nada, es parte de lo que sostiene el problema.

La hija que empieza a salir sola

Prepararla con información real, no con miedo que la paralice: enséñale a reconocer situaciones de riesgo, a pedir ayuda sin pena (a otras mujeres, a personal de transporte o de tiendas), a usar las opciones de transporte exclusivo cuando existan. Sobre todo, asegúrale de forma explícita y repetida que puede contarte cualquier incidente sin temor a que la juzgues o le preguntes “qué hiciste para que pasara”: esa confianza es lo que le permitirá pedir ayuda a tiempo si alguna vez lo necesita.

En resumen

  • El Corán ordena primero a los hombres bajar la mirada (24:30); el acoso es su pecado, no de la mujer.
  • El hiyab busca dignidad y respeto (33:59), no es garantía ni condición para merecerlo.
  • Cuidarse en grupo y usar transporte exclusivo son herramientas prácticas, no una obligación moral de la víctima.
  • La ley de Jalisco tipifica el acoso; denunciar cuando es seguro hacerlo es un acto de justicia.
  • Ante una hermana acosada: escucha, no interrogues, y dile que no fue su culpa.
  • El hombre musulmán interviene, acompaña y corrige a otros hombres (Bujari 2444): el silencio cómplice no es neutral.

Si necesitas hablar de una experiencia de acoso o quieres información sobre transporte seguro en Guadalajara, escríbenos; también puedes conocer a la comunidad en las actividades o en los horarios de oración.

Fuentes

Las aleyas se citan como sura:aleya. Los hadices, con su colección y número según las ediciones de referencia. Las traducciones son nuestras, cuidando el sentido del árabe.

  1. Corán 24:30 — «Di a los creyentes que bajen la mirada y guarden su castidad; eso es más puro para ellos».
  2. Corán 24:31 — la misma orden de bajar la mirada y guardar la castidad, dirigida a las creyentes.
  3. Corán 33:59 — el hiyab, entre otros motivos, busca que la mujer «sea reconocida y no sea molestada».
  4. Corán 4:148 — «Allah no ama que se divulgue el mal en voz alta, salvo quien ha sido tratado injustamente».
  5. Sahih al-Bujari 2444 — «Ayuda a tu hermano, sea opresor u oprimido»; se le preguntó cómo ayudar al opresor y dijo: «Deteniéndolo de su opresión».
  6. Ley de Acceso de las Mujeres a una Vida Libre de Violencia del Estado de Jalisco — tipifica y sanciona el acoso sexual y el hostigamiento.

Preguntas frecuentes

¿Es mi culpa si me acosan aunque traiga hiyab?

No, nunca. El hiyab es una protección relativa y una forma de dignidad (33:59), no una garantía mágica contra el acoso ni una condición para merecer respeto. El Corán pone la responsabilidad del comportamiento en quien mira con mala intención y actúa con acoso (24:30), no en la vestimenta de la mujer. Con hiyab o sin él, el acoso siempre es pecado y falta de quien lo comete.

¿Qué hago en el momento si me están acosando en el transporte?

Prioriza tu seguridad inmediata: cambia de lugar, acércate a otras mujeres o a personal del transporte, baja en la siguiente parada si es necesario. Si te sientes con confianza y es seguro hacerlo, decir en voz alta y con firmeza "no me toque" o "aléjese" suele generar apoyo de otros pasajeros; muchas ciudades, incluida Guadalajara, tienen aplicaciones o números para reportar el incidente en el momento.

¿Debo denunciar aunque no pase a mayores?

Sí, si te sientes en condiciones de hacerlo: la Ley de Acceso de las Mujeres a una Vida Libre de Violencia de Jalisco tipifica el acoso sexual y el hostigamiento, y cada denuncia ayuda a que las autoridades tomen el problema en serio, además de crear un registro si el mismo acosador reincide. Nadie está obligada a denunciar si no se siente segura o capaz en el momento, pero hacerlo cuando se puede es un acto de justicia, no una exageración.

¿Qué le digo a una hermana que me cuenta que la acosaron?

Escúchala sin cuestionar qué traía puesto, por dónde iba o a qué hora salió: ninguna de esas preguntas cambia de quién es la culpa. Dile con claridad que no fue su culpa, pregúntale qué necesita (compañía, ayuda para denunciar, solo ser escuchada) y evita minimizar lo que sintió con frases como "ya no le des importancia".

¿Cómo actúa un hombre musulmán como aliado ante esto?

Interviniendo cuando sea seguro hacerlo, acompañando a hermanas o familiares en trayectos que sabe riesgosos, y sobre todo, corrigiendo a otros hombres —amigos, primos, compañeros— cuando hacen comentarios que normalizan el acoso o el piropo no deseado. El Profeta ﷺ enseñó ayudar tanto al oprimido como al opresor, deteniendo a este último de su injusticia (Bujari 2444): el silencio cómplice entre hombres es parte del problema.

¿Cómo preparo a mi hija para cuando empiece a salir sola?

Con información realista, no con miedo paralizante: enséñale a identificar situaciones de riesgo, a pedir ayuda sin pena, a usar el transporte exclusivo para mujeres si está disponible, y sobre todo, que el acoso nunca es su culpa pase lo que pase. Practica con ella frases claras que pueda usar si lo necesita, y asegúrale que puede contarte cualquier incidente sin temor a que la culpes a ella.

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