Un viaje de paz, no de guerra
Seis años después de la Hégira, el Profeta ﷺ tuvo un sueño en el que se veía realizando la peregrinación menor, la umrah, en La Meca. Interpretándolo como una señal, decidió emprender el viaje junto con más de mil compañeros, vestidos con las prendas propias del peregrino y sin llevar armas de guerra, como correspondía a quien se dirige a cumplir un rito religioso en la casa sagrada de Allah.
La noticia de su avance, sin embargo, alarmó a Quraysh, que interpretó la llegada de tantos musulmanes como una posible amenaza o, cuando menos, como un golpe a su prestigio si permitían que el Profeta ﷺ entrara libremente en la ciudad que lo había expulsado años atrás. Enviaron fuerzas para impedir su paso, y la caravana musulmana se detuvo finalmente en un lugar llamado Hudaybiyyah, a las afueras de La Meca, sin poder continuar.
El Juramento bajo el árbol
Ante la negativa de Quraysh a dejarlos pasar, la tensión entre los compañeros creció, especialmente cuando corrió el rumor de que su enviado, Uzman ibn Affán, enviado a negociar, podría haber sido retenido o dañado por los mecanos. En ese momento de incertidumbre, el Profeta ﷺ llamó a sus compañeros a renovar su compromiso con él bajo un árbol cercano, jurando permanecer firmes fuera cual fuera el desenlace, incluso si eso significaba combatir. Ese momento, conocido como el Juramento bajo el árbol o Bay’at ar-Ridwan, fue recordado después por el Corán como un motivo de complacencia divina hacia quienes lo hicieron (Corán 48:18).
Finalmente, la noticia sobre Uzman resultó infundada, y las negociaciones continuaron por otras vías hasta alcanzar un acuerdo.
Un tratado con condiciones difíciles
Los términos del tratado, negociados por el propio Profeta ﷺ con un representante de Quraysh, resultaron sorprendentes para muchos de sus seguidores. Se acordó una tregua de diez años sin enfrentamientos entre ambas partes; sin embargo, los musulmanes debían regresar a Medina sin completar la umrah ese año, con la promesa de poder hacerlo al año siguiente, y se aceptaron cláusulas que a los ojos de varios compañeros parecían inclinarse claramente a favor de Quraysh.
El descontento entre algunos de los presentes fue tan intenso que incluso un compañero tan cercano como Umar ibn al-Khattab expresó abiertamente sus dudas sobre lo favorable del acuerdo. El Profeta ﷺ, sin embargo, mantuvo su decisión con serenidad, confiando en que aquel pacto, lejos de ser una derrota, abriría un camino más provechoso para el futuro del Islam.
Una clara victoria
El tiempo confirmó esa visión. Con la tregua vigente, cesaron los enfrentamientos armados entre musulmanes y Quraysh, lo que permitió a los mecanos y a los musulmanes convivir, viajar y comerciar entre sí sin el temor constante de la guerra. Esa apertura hizo posible que muchas personas de La Meca y de tribus vecinas conocieran de cerca el mensaje del Islam y su comunidad, sin la hostilidad que antes lo rodeaba, y en los dos años siguientes al tratado el número de conversos superó incluso al de toda la década anterior.
Poco después de la firma, el Corán describió lo ocurrido con una expresión que a primera vista resultaba inesperada para un acuerdo con concesiones visibles:
"Ciertamente, te hemos concedido una clara victoria." (Corán 48:1)
La historia posterior daría la razón a esa descripción: Hudaybiyyah no fue una derrota disfrazada de paz, sino el paso estratégico que, sin derramar una sola gota de sangre, allanó el camino hacia la conquista pacífica de La Meca apenas dos años después.